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lunes, 13 de febrero de 2012

Here we go!



Parece que el denominado 'Plan B' funciona. El fin de semana ovetense nos ha dejado una buena resaca en lo tenístico y una fría indiferencia en cuanto a la asistencia y a su repercusión. Al final, Corretja ha tenido un buen debut, casi podríamos calificarlo como plácido, y las aguas caminan por el cauce de la tranquilidad y la ilusión.

Comenzaba el fin de semana con la agónica victoria de Juan Carlos Ferrero. El de Onteniente fue el elegido para abrir boca frente al agresivo e inquieto Kukushkin. El lance parecía medio resuelto en favor de los intereses nacionales cuando Juanqui se adjudicó la primera manga por 6-1. Sus tablas y su saber estar, tras tantos años en el candelero, se imponían a las ganas y la impaciencia kazajas. Sin embargo, Mikhail se deshizo de su lastre de un plumazo y pasó al ataque. Por delante, cuatro horas y media de intenso encuentro, que sólo pudo caer de nuestro lado de la cancha merced a la experiencia de un perro viejo que supo agarrarse al fondo de la pista y esperar los fallos rivales. Con esfuerzo, unas pocas dudas y mucho frío, Juan Carlos ponía el primer punto en la batalla. Lo más difícil estaba hecho.

jueves, 2 de febrero de 2012

España "B", Bendito filial



Esta semana hemos conocido quiénes serán los defensores de la dignidad patria, personificada en una ensaladera, en Oviedo. Sobre los elegidos sobrevolará una imagen tomada hace menos de dos meses en La Cartuja de Sevilla. En esa instantánea aparecen Nadal, Ferrer, Verdasco, Feliciano y Granollers junto a su capitán, Albert Costa, bajo una lluvia de confetis, pletóricos tras transformar a nuestro país en orgulloso pentacampeón de la Davis. En esa fotografía (que todos tenemos en mente) aparece un sonriente Granollers, casi como si hubiera aparecido ahí por casualidad, y también Verdasco, bandera rojigualda cubriendo sus piernas. Rafa mira el trofeo queriendo morderlo y... ah sí, y su Majestad, con llamativas gafas de sol, lo sostiene. 

Lejos aún de los registros de Estados Unidos o de Australia, es indudable que esta Selección ha protagonizado uno de los decenios más brillantes de la historia del tenis (campeones en 2000, 2004, 2008, 2009 y 2011 y finalistas en 2003). A todos se nos ha llenado la boca y se nos han hinchado los ojos con el relato de los triunfos de la Armada. Dicen algunos de la victoria que borra (o al menos difumina) los problemas y tensiones que la competición colectiva  conlleva. Esta vez no ha sido así.