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viernes, 2 de abril de 2021

Nick Kyrgios no es un bad boy de Detroit

Los Bad Boys de Detroit
Los Bad Boys de Detroit. Foto: Solobasket

Entre dos de las más legendarias hegemonías de todos los tiempos en el baloncesto hubo una rebelión, un equipo que alcanzó el trono con un auténtico golpe de estado. Entre Magic-Bird y Michael Jordan aparecieron losdenostados Detroit Pistons de Chuck Daly.

Unos tipos malos, los Bad Boys. Eran los villanos y les gustaba. Cada partido, una batalla. Cada rebote, una escena bélica. No gustaban, pero ganaban. Y lo tenían muy asumido: su trabajo era la victoria, no agradar al público. Isaiah Thomas era el enemigo público número 1 del “Estado Michael” y estaba bien feliz de serlo.

Cuando nació la “estrella” de Nick Kyrgios, algunos pensamos que venía como un soplo de aire fresco para el tenis. Que todo este enquilosamiento e inmovilismo del que pecan federaciones, organizadores, clubes y torneos en cuanto al tenis – y que ha permitido a otros deportes como el pádel pasarles por la izquierda – podía verse beneficiado por una imagen rebelde, rompedora, mediática, fresca y juvenil.

Pero el tiempo nos ha puesto en nuestro lugar y ha dado la razón a aquellos que se mostraban críticos con el de Canberra. Nuestro gozo en un pozo con una decepción que ya no hace más que cansar a propios y extraños de tonterías y declaraciones.

Resulta que todos los excesos son malos, pero si el exceso es de mala educación, es el doble de malo. Y lo malo, si doble, es dos veces malo. La vida tenística de Kyrgios se nos está haciendo bola a todos. Un superdotado, técnicamente un fuera de serie. Con unos golpes demoledores, un talento sobrehumano y capaz de ganar a cualquiera. Digno, por tenis, de entrar en el olimpo de los mejores.

Pero el caso es que nunca gana. Que esa pose de chico malo es eso, sólo una pose. Que no pasa nunca más de unas rondas. Que supone una amenaza temporal, pero nunca continua. Que el ranking, implacable juez y fiel testigo a su vez del transcurso de una temporada, siempre refleja su realidad como una – entiéndase – mediocre versión del australiano.

A Kyrgios se le ha olvidado que detrás de todas las bravuconadas, de los recursos, de las declaraciones… está el vacío.

Nick Kyrgios
Nick "romperaquetas" Kyrgios. Foto: Mundo Deportivo

Los bad boys eran rebeldes, eran odiados, eran duros. Bill Laimbeer, Joe Dumars, Dennis Rodman… eran de todo. Y ese todo incluía la palabra clave: ganadores. Su oficio era la victoria. La victoria da sentido en el deporte al método. El fin justifica los medios en una competición, si con ello se alcanza el objetivo.

Se puede jugar bonito y ganar, pero lo importante en deporte es meter un gol más que el rival, una canasta más que el enemigo y ganar el último punto. Eso significa que eres, objetivamente, mejor que él.

Y eso es lo que no hace Kyrgios. Mucho show, mucha boquilla… y mucha derrota e irregularidad. Y eso convierte toda esa imagen que se ha construido de sí mismo en algo casi chabacano, sobrante, molesto e innecesario para el tenis. Que sí, que puede ganarle a cualquiera. Que nadie lo quiere en las primeras rondas de los Grand Slams. Pero no sé Nick, parece falso.

Michael Jordan se encerró un verano en el gimnasio para contrarrestar a Detroit. Porque antes de que el rey hiciera eso, Detroit era el equipo a batir. El que tenía el anillo. Un equipo de leyenda porque ganó. Su rutina era la Victoria. Como la ciudad australiana. Toma nota, Nick. 


viernes, 2 de marzo de 2012

La prueba del Djoker

¿Podrá Nole con la presión los próximos
 meses?
Se acabaron las suposiciones, las opiniones, las apuestas. Ha llegado el momento de demostrar. De poner la carne en el asador. Desde hace un año, es obvio, el tenis pertenece a Serbia. La eclosión de Djokovic no ha admitido réplica. Los más tradicionalistas, los más conservadores, han ido poniendo objeciones que el de Belgrado se ha encargado de ir derribando sin contemplaciones, una tras otra. Hasta hoy, todos hemos mantenido la esperanza de que el serbio se desinfle, de que Nadal, como tantas otras veces, vuelva. De que la clase de Federer le transporte de nuevo a las mieles del número uno. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Bernard Tomic, el último aussie

Hubo un tiempo en el que Australia fue el contrapunto. El segundo poder que amenazaba el yugo yankee. Australia era la tercera cuna del tenis, tras Inglaterra por tradición y Estados Unidos por jugadores. De hecho, cuentan con la friolera de 28 Copas Davis. Los oceánicos han sido siempre el adalid de los cañoneros, de los jugadores de red, de la clase, el toque, el tenis de salón.

Cuando el tenis comenzó, ellos ya estaban allí. Nombres que para los jóvenes y los no jóvenes sólo se identifican con una foto en blanco y negro. Arthur O'Hara Wood. Anthony Wilding. James Anderson. Fíjense si hace tiempo, que el Open de Australia era el de Australasia. Pero ellos ya estaban allí. Ahora, en cambio, están clasificados como décimoquintos en la Clasificación Mundial. Sólo dos jugadores australianos están en el Top 100: Bernard Tomic (34) y Mathew Ebden (85). Quién les ha visto y quién les ve.

jueves, 2 de febrero de 2012

España "B", Bendito filial



Esta semana hemos conocido quiénes serán los defensores de la dignidad patria, personificada en una ensaladera, en Oviedo. Sobre los elegidos sobrevolará una imagen tomada hace menos de dos meses en La Cartuja de Sevilla. En esa instantánea aparecen Nadal, Ferrer, Verdasco, Feliciano y Granollers junto a su capitán, Albert Costa, bajo una lluvia de confetis, pletóricos tras transformar a nuestro país en orgulloso pentacampeón de la Davis. En esa fotografía (que todos tenemos en mente) aparece un sonriente Granollers, casi como si hubiera aparecido ahí por casualidad, y también Verdasco, bandera rojigualda cubriendo sus piernas. Rafa mira el trofeo queriendo morderlo y... ah sí, y su Majestad, con llamativas gafas de sol, lo sostiene. 

Lejos aún de los registros de Estados Unidos o de Australia, es indudable que esta Selección ha protagonizado uno de los decenios más brillantes de la historia del tenis (campeones en 2000, 2004, 2008, 2009 y 2011 y finalistas en 2003). A todos se nos ha llenado la boca y se nos han hinchado los ojos con el relato de los triunfos de la Armada. Dicen algunos de la victoria que borra (o al menos difumina) los problemas y tensiones que la competición colectiva  conlleva. Esta vez no ha sido así.

lunes, 30 de enero de 2012

Un paso adelante



Nadal ha adelantado su posición para jugar casi dentro de la
pista. Foto: lainformación.com
No edulcoremos la derrota. No le robemos al deporte su parte más bonita: la competición. La derrota siempre duele, suceda como suceda. La derrota es, siempre, un fracaso. Lo es porque todo enfrentamiento de capacidades tiene como objetivo demostrar que se domina un arte mejor que otro u otros. La razón de ser del deporte es la competitividad, el deseo de superar obstáculos y barreras, se identifiquen estos con adversarios o con nuestros propios límites. Por lo tanto, los únicos deportistas que han triunfado en el Australian Open han sido Novak Djokovic y Victoria Azarenka. 

Sin embargo, toda derrota y toda victoria (de hecho, todo enfrentamiento competitivo) poseen una intrahistoria, un cúmulo de circunstancias que la rodean, le dan sentido y definen su guión. En esta ocasión, es en esa intrahistoria en la que nos basamos todos para acabar dando por bueno un resultado adverso. 

viernes, 27 de enero de 2012

El Cagómetro se dispara


Rafael Nadal jugará el final del Australian Open frente a Novak Djokovic. Bien. Era lo esperado. Si hubiéramos tenido que apostar en una de esas celebérrimas páginas Web, nos lo habríamos jugado todos a esa final. Federer y Murray eran las alternativas, pero con la boca pequeña. Dentro de este Fantastic Four, sólo amenazado de lejos y tenumente, como un susurro, por David Ferrer, existe también una jerarquía. Desde principio del año pasado, el liderazgo de Nole es indiscutible. Rafa Nadal, nuestro héroe de novela de caballerías, es su escudero. Como tal, cuando juega frente a él, en los últimos tiempos, tiende a bajar la cabeza y limitarse a capitular ante un rival superior.

viernes, 17 de junio de 2011

¿Cómo llegan los favoritos a Wimbledon?



Tal vez en otras circunstancias, los jugadores con más probabilidades de ganar dentro de algo más de dos semanas fueran muchos. Podríamos incluir a Roddick, que es un experto en esta superficie. O a Murray, que viene pletórico después de imponerse en Queen's ante su público por segunda vez. Incluso podríamos jugárnosla a una sorpresa como la del año pasado de Berdych. Ahí la lista de candidatos es amplia: Soderling, Del Potro, Ferrer... incluso Mohammed Ali (léase Tsonga), que ha realizado también un buen torneo en Queen's y parece estar en buena forma. Tal vez.

¿Quién ganará la ansiada copa este año? 

miércoles, 15 de junio de 2011

Leyendas para siempre




El deporte es básicamente, competitividad. El objetivo es ganar, vencer, superar al otro. Jugar bien, arrastrar masas, ganar dinero, encandilar, marcar época… todo eso, al final, son complementos. Extras. El objetivo último, el principio del deporte es ganar. Para mí, las rivalidades, a lo largo de la historia, son lo que han alimentado este espíritu. El Barça y el Madrid, los Celtics y los Lakers, River y Boca, Pelé y Maradona, Senna y Prost, Mohammed Ali y Joe Frazier, Borg y McEnroe…

martes, 14 de junio de 2011

Vuelve Serena, vuelve el espectáculo



Perdonarán que lo diga tan crudamente, pero el tenis femenino está, desgraciadamente, de capa caída. No en cuanto al nivel, que es altísimo, ni a la exigencia, ni a la plenitud física ni a lo espectacular del sobrecargado calendario femenino. Es más bien por la ausencia de líderes claros.

lunes, 13 de junio de 2011

El imperio contraataca




Llevaban los americanos una buena racha... de malos resultados. De sobras es conocido por todos que la arcilla no es terreno abonado para los éxitos estadounidenses en el mundo del tenis. Esa carencia venía compensada por los sudamericanos, que hacían de la tierra su plaza fuerte: Kuerten, Chela, Puerta... grandes terrícolas que abonaban el continente americano de triunfos.


domingo, 23 de enero de 2011

Se quedan solos




Rafael Nadal y David Ferrer. Un binomio perfecto que conforma la única doble nacionalidad dentro del top-8 (aunque parece que Wawrinka quiere decir algo al respecto). Todos los demás, incluido Verdasco, se han quedado por el camino.

Tommy Robredo no pudo imponerse, como es lógico, a Roger Federer. El número dos del mundo es demasiado número uno para el español. No obstante, su entrega, su lucha y el set que le arrebató al helvético son dignos de mención. Sin embargo, parece el tenis un deporte en metamorfosis hacia un terreno vedado a las sorpresas. Federer lo confirmó. 6-3, 3-6. 6-3 y 6-2, y a cuartos de final. Roger Federer, que ya suma 27 comparecencias en esta ronda en un Grand Slam, ha superado en ese registro al mítico Jimmy Connors.

Por su parte, Almagro, en quien se depositaban muchas esperanzas de sorpresa, no pudo ni siquiera asustar al serbio Novak Djokovic (3). José Perlas, entrenador del de Murcia, aseguró antes del Open de Australia que ahora Almagro estaba recogiendo lo sembrado. Que los automatismos trabajados en su juego comenzaban a dar sus frutos. Es cierto, se le ve más maduro, aunque igual de agresivo sobre la pista. Sin embargo, se echa en falta ese punto de fuerza, de carácter, el valor diferencial que aportan los grandes para poder estar donde están. 

Finalmente, la derrota tal vez más dolorosa es la de Verdasco. Cierto es que tiene menor ránking que Berdych, aunque sea sólo por tres puestos (Berdych es sexto y Verdasco noveno). Lo que de verdad duele es que del número 9 del mundo se espera algo más. No entregar la raqueta tan rápido, no claudicar. Sin embargo, parece que la irregularidad va a ser la máxima rémora de este jugador que, por golpes y físico, debería merendarse a jugadores como Berdych con patatas. Un Berdych que, por cierto, parece triunfar y jugar mejor cuanto más alejado de los focos está. Cuando nada se espera de él, rinde a un nivel espectacular. Cuando nadie cuenta con su candidatura, se rebela y juega un excelso tenis. No obstante, cuando todos los flashes se dirigen hacia él, como en Londres el pasado año, no rinde.


En resumidas cuentas, nos quedamos con los de siempre. Con David Ferrer, cuyo carácter le permite dar un pasito al frente en comparación con Almagro o Verdasco, que se centra mucho más en su objetivo y que está realizando un buen torneo. Ahora le toca la única 'sorpresa' del cuadro, el joven Raonic, un canadiense entrenado por el español Galo Blanco que aspira a dar la campanada. Raonic es el número 152 de la ATP, pero con los puntos conseguidos en Australia va a dar un paso hacia delante muy importante. Y más si consigue consolidar el juego que está mostrando, algo que no es nada fácil.  

Por supuesto Rafa Nadal sigue una ronda más. Podría decirse que en el próximo partido, ante Marin Cilic (15) Rafa comienza el Grand Slam de verdad. El de los buenos. Hasta ahora se ha enfrentado a un jugador que se lesionó, Marcos Daniel, a un dulce Sweeting que se hundió por la presión y Tomic, un jovencito casi imberbe que, a pesar de salirle respondón, se va de Australia con el pequeño honor de haberle hecho cuatro juegos seguidos al número uno del mundo. Y dejando la sensación de que puede ser una revelación dentro de poco tiempo. Pero que, de momento, no. Por otra parte, con Cilic va a ser otra historia. El croata es un cañonero del saque, un cabeza de serie que, además, el año pasado ya llegó a semifinales en este mismo torneo. Veremos si puede plantarle cara a un Nadal que, dicen, aún padece los últimos retazos de la gripe que sufrió en Doha, lo que le hace jugar un tanto mermado. Toca comprobar si es cierto, cosa que daría aún mayor mérito al hecho de que aún no ha perdido ni un set. 

De estas primeras semanas se extraen un hecho objetivo y una conclusión o pregunta. El hecho objetivo es que sólo uno de los top-10 de la ATP se quedó fuera antes de tercera ronda: Mikhail Youzhny, el menos afín a este grupo. Ahora hay dos fuera, pero casi no cuenta porque a Verdasco, número nueve,  le eliminó el número 6, Tomas Berdych. Pocas, muy pocas sorpresas. Podrían considerarse las de Nalbandián, Del Potro y Davydenko, pero comprendiendo que salen de períodos de inactividad y que están en baja forma, no pueden catalogarse realmente como sorpresas. La conclusión o planteamiento es el siguiente: ¿Se está volviendo el tenis demasiado previsible? Parece que las primeras semanas de los GS ya sólo sirven para que los grandes se prueben de cara a rondas finales. No hay una sorpresa, un partido competido, a no ser que sea entre segundas espadas. El único que pudo poner en relativos apuros a un grande fue Gilles Simon. ¿Falta de relevo o excepcional talento de los tenistas? Sólo el tiempo lo demostrará.


Por cierto, el que parece que si que puja fuerte por subir en el ránking es el suizo Stanislas Wawrinka, que ya se ha cargado a Monfils y ahora busca derrotar a Roddick... parece que eso de dejar a la mujer le ha sentado bien...


jueves, 13 de enero de 2011

Enric Molina, la estrella desconocida



Es joven, está en el Top Six y está presente en todos los Grand Slam, Masters, Copas Davis... sin embargo a muy poca gente le suena su nombre: Enric Molina.

Se trata de uno de los seis mejores jueces de silla de tenis del mundo, uno de los seis que la Federación Internacional tiene contratados de forma fija y a los que asigna los torneos más importantes. Es, por tanto, el único juez de silla español miembro de la 'Gold Badge', lo que le ha permitido arbitrar partidos tan importantes como la final del Abierto de Australia de 2010 entre Roger Federer y Andy Murray, la del Abierto de Estados Unidos entre Andre Agassi y Roger Federer en 2005, la final femenina de Roland Garros de 2008 entre Ana Ivanovic y Dinara Safina o las finales de Copa Davis de 2007 (Estados Unidos vs Rusia) y de 2005 (Eslovaquia vs Croacia).

La lista de miembros completa de la 'Gold Badge' del tenis es la siguiente:


  • Stefan Fransson (Jefe de los supervisores de Grand Slam y de la Oficina de supervisión de las reglas de la ITF)
  • Wayne McKewen (Supervisor de la ITF/Grand Slam)
  • Andi Egli (Supervisor de la ITF/Grand Slam)
  • Y los siguientes jueces de silla:
    • Louise Engzell (Suecia)
    • Jake Garner (USA)
    • Alison Lang (Gran Bretaña)
    • Pascal Maria (Francia)
    • Enric Molina (España)
    • Carlos Ramos (Portugal)


Para él, en este sentido, Rafa Nadal, Fernando Verdasco o David Ferrer son más contrincantes que arbitrados, ya que un juez de silla español no debe ejercer en encuentros con jugadores de su misma nacionalidad, es una máxima común en muchos deportes y, aunque en tenis no hay ninguna norma que lo prohíba, sí se intenta evitar (con cuatro jueces de silla por torneo ATP, a veces se hace realmente complicado). Por culpa, por lo tanto, de la Armada Española, Enric Molina se ve muchas veces relegado a rondas previas, todo eso,claro está, debido al excelso tenis y al altísimo nivel de nuestros jugadores. No se queja, dice que en un partido con un español tendría bastante más a perder que a ganar, sobre todo por culpa del público o los periodistas (¡vaya hombre!) porque los tenistas ya lo conocen desde hace muchos años.

Enric Molina nació en Barcelona, en el año 1974. Era socio del Barcino y se inició en el mundo del arbitraje con 14 años como juez de línea en el Godó. Lo hizo amparado por el programa de desarrollo del arbitraje de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona '92. Poco a poco fue progresando, formándose desde los cursos más bajos del arbitraje hasta alcanzar el nivel más alto del mundo. Al principio, cuenta en el número de enero de 2008 de la revista Winners[Tennis, sólo se le exigía 'tener buena vista'. Ahora, para arbitrar finales de la Copa Davis o de Grand Slam, dice tener que saber el reglamento 'al dedillo' y dominar el inglés pero, sobre todo, contar con la experiencia y el sentido común suficientes como para aplicarlos en la pista sin crear un caos: hablar con propiedad y respeto a los jugadores, saber imponer autoridad y ser a la vez justo y comprensivo. En estos momentos, Enric Molina es el único español con el grado de Chapa de Oro en arbitraje (existen las categorías de chapa blanca, de bronce, de plata y de oro).

Enric Molina, un nombre desconocido para el común de los mortales, tiene la difícil papeleta de todos los árbitros y de todos los deporets: no dejarse intimidar por los nombres de personalidades como Sampras o Agassi, ni por una pista repleta de gente, sino llevar a cabo su labor con profesionalidad y respeto. ¿Las claves para ello? Las tiene claras: personalidad, capacidad de concentración, dotes de buen comunicador, psicología y, ante todo, muy buena vista (sí, habéis leído bien).

En el arbitraje, este catalán de 36 años encuentra la manera de seguir ligado a un deporte que tuvo que abandonar para no anteponerlo a los estudios (tiene la carrera de Publicidad). Una vez terminada la carrera, encontró esta vía para seguir el tenis profesional de primera primerísima mano, con el aliciente añadido de poder viajar por todo el mundo.

Las funciones de Molina como juez de plena dedicación desde hace casi 9 años de la ITF son las de cubrir las doce semanas de Grand Slam y Davis Cup, según los designios de los responsables de la ITF, que lo eligen atendiendo a su formación y experiencia. El resto del tiempo lo emplea en formar en los cursos de más alto nivel para los futuros árbitros internacionales. Así, ejerce de 'evaluador' durante los torneos menores del año, para decidir a final de la temporada los 'ascensos' y 'descensos' de los jueces. Tal vez por eso asegura intentar tener una relación cordial pero distante tanto con sus compañeros como, sobre todo, con los tenistas. 'Ser parte y juez es imposible', asegura. Sin embargo, si reconoce que es un alivio no tener ahora en el circuito a 'perlitas' como McEnroe o Nastase.


Enric MOlina tennis tenis davis cup

Para Enric Molina, los partidos más difíciles de arbitrar son, como es evidente, los de la Copa Davis. ¿Por qué? Pues por tener un público local, volcado con uno de los equipos, que quiere meter presión, ayudar a su selección... sin embargo, ese público 'futbolero' como el lo llama, ese ambiente y esa pasión también le motivan y hacen que los partidos sean especiales. Por otro lado, considera lo más importante llevar a cabo el trabajo con dignidad y respeto hacia los jueces de línea y los demás encargados de ese trabajo.

Después de toda esta gran trayectoria, cualquiera podría decir que guarda un especial recuerdo de las finales de Copa Davis o Grand Slam arbitradas, pero no es así. Su partido más especial, por así decirlo, no es sino la despedida de un grande: la de Andre Agassi en el US Open de 2006.

Para finalizar, un detalle que define a Enric Molina como juez de línea: aunque otros jueces se vieron amenazados por el 'Ojo de Halcón, porque podía dejarlos en evidencia, el lo vio como una oportunidad de mejorar el deporte del tenis y demostrar que, la mayoría de las veces, el juez de línea anda más acertado que desencaminado.

Enric Molina, un juez de línea que se encuentra entre los seis mejores del mundo y que, sin embargo, asegura que su mayor reto es mejorar. Su mayor sueño, en cambio, sería arbitrar la final de Wimbledon, algo que, de pequeño, quería hacer como jugador.



ANÉCDOTAS DE ENRIC MOLINA


En la final del Abierto de EE.UU. vivió una de las anécdotas más graciosas de su carrera. "Me avisaron de que Ivan Lendl iba a estar en el sorteo del saque al inicio. Yo no le conocía, porque nunca le había arbitrado. Stefan Francsson (juez árbitro del torneo) me dijo que tuviera cuidado porque Lendl acostumbraba siempre a liarla, con alguna de las suyas, pero no esperaba lo que pasó", dijo.




"Le di la mano y le entregué mi moneda suiza de cinco francos para que hiciera el sorteo, una moneda que tiene la cruz de Guillermo Tell en un lado y una cara en la otra, que me regaló Andreas Eagly (juez de silla), del año en el que nací, 1974. Al percatarse Lendl de que era suiza me dijo que le parecía un poco improcedente, teniendo en cuenta que Federer es suizo y jugaba la final, y fue y se lo contó a Agassi. Yo me quería morir", dijo Molina. "La verdad, me puso en un brete".


En otra ocasión, Andy Roddick le preguntó: "¿Por qué no consiguen jueces que sepan lo que están haciendo? ¿Qué es esto, un 0-800-alquile un juez?"

Además, dice que siempre recordará como en un país con fama de civilizado como es Suiza tuvo que salir escoltado por la policia tras arbitrar una eliminatoria que los suizos perdieron ante Holanda, aquejado de unos jueces de línea bastante malos, a los que tuvo que corregir en muchas ocasiones, en especial en un match-ball en contra de Suiza...



En relación con los jueces de línea, a veces les puede la presión, como el momento en el que Kafelnikov jugaba la Copa Kremlin después de ganar los Juegos Olímpicos de Sidney. "Ese tío allí era dios. Los jueces que tenían que arbitrarle estaban temblando y claro, no hacían más que equivocarse. 


Su 'rifi-rafe' más importante lo tuvo con el austríaco Koubek: 'No fue un caso personal, sino de mala suerte. El jugador ya llevaba dos penalizaciones, primero la pérdida de un punto y después de un juego por abuso de raqueta y pelota. Entró el supervisor en la pista, empezaron a discutir y el jugador, muy cabreado, tiró la raqueta hacia su asiento con la mala suerte de que rebotó y le dio en la cara a un recogepelotas que estaba detrás". Enric Molina descalificó a Koubek y, afortunadamente, el austríaco se disculpó después con el recogepelotas.


Enric Molina roland garros wimbledon


viernes, 3 de diciembre de 2010

El Retorno del Rey




Perdón por mi acusada ausencia durante estos días. Un proceso febril me ha tenido postergado en la cama y con pocas ganas (osea ninguna) de ponerme a mirar la pantallita de un ordenador. Como ya me encuentro mejor, voy a hacer un análisis de la final de la Copa Masters finalizada el domingo pasado. Puede que sea un poco tarde para ello, pero chico, me he dicho: ¡mejor tarde que nunca!

Creíamos en él porque lleva tantos años ganando que ya se le nombra como favorito por inercia propia. Sin embargo, todos pensábamos que Nadal le tenía tomada la memoria y que estaba en la cuesta abajo.
Su juega era errático. Estaba desmotivado. Su revés ya no era el mismo. Sólo aguantaba dos sets a máximo rendimiento.
El Rey, Perfect Federer, cogió todos esos trabajados argumentos esgrimidos, los arrugó y los lanzó a la papelera con desidia. Con autoridad. Con genialidad.
Annacone ha hecho bien su trabajo. Roger ha vuelto. El gran Roger, ese que se paseaba por las pistas de medio mundo mirando a los demás desde su pedestal de imbatibilidad. Ese es el tenista que todos conocíamos y que, ahora, ha vuelto. Ese jugador que parece que pasa del partido, que no corre casi pero que, cuando le están machacando, suelta un revés a una mano que envía un misil cruzado y acaba con el punto como diciendo 'ya basta, no me apetece correr más'. Es el díscolo. El Zidane del tenis. El talento puro. Y ha vuelto.
Avanzó por sus rondas sin mirar nada más que su propio ombligo. Daba igual quién fuera el oponente porque el resultado era el mismo: una victoria fácil y sin paliativos. Ferrer, Soderling, Murray y Djokovic, jugadores que sólo con nombrarlos asustan. Para Federer, simples parones en su camino hacia la final. En ella, Rafa Nadal. El único jugador que puede hacer que Roger levante la cabeza de su ombligo y mire al rival a la cara. Le trata como igual y no es para menos: consiguió hacerle un set. Parece poco, pero a este Roger hacerle un set es un milagro.




Sin embargo, el suizo no estaba para bromas. Terminó el partido por la vía rápida, agarró su título con avidez y miró a Rafa como diciendo: éste es mío, no me lo vas a quitar. Está harto de que le quiten su aura de leyenda. Sabe que sin el español él, sin esfuerzo apenas, sería una leyenda viva aclamada allá por donde pasase. Y esta era su venganza.
Roger ha vuelto y Nadal no se ha ido. Nos esperan años de gran rivalidad que disfrutar. Eso pensamos todos cuando vimos el vendaval Federer del domingo. El pensó: 'por fin me he quitado este peso de encima'. Pero le cayó otro peso mucho mayor. Uno mucho más pesado. Cuando se adelantó a dar la mano a su derrotado amigo vio el desafío pintado en sus ojos. Desde que aquella maldita bola rozó la línea y Federer alzó los brazos, Nadal ya estaba pensando en una sola cosa: Open de Australia 2011. Esa es la diferencia entre ambos. Nadal no lloraba. Su postura erguida significaba tensión, su ceño fruncido indicaba decisión. Mientras le entregaban los premios al segundo mejor maestro del circuito, un sueño para cualquiera, el movía los pies inquietos. QUería irse a la pista a trabajar sus errores, a subsanarlos y a volver para ganar. Federer tiembla, incluso en la victoria. No va a haber un minuto en el que Rafa no piense en vencerle en el próximo Grand Slam, en arrebatarle su recién recuperado cetro.
Y, allí, de pie en medio del O2 Arena de Londres, yo me fijé en sus ojos. Estaban muy lejos de Londres, en una pista de entrenamiento. Estaban pensando en salir de allí. Estaban pensando en luchar. Sus ojos indicaban horas y horas de deleite para nosotros, los afortunados testigos de la batalla de estos dos seres excepcionales.



martes, 23 de noviembre de 2010

Las claves de la victoria de Nadal



Ayer pudimos ver uno de esos partidos que hacen afición. Nadal está abonado a ellos. Siempre dices 'es imposible que este tío remonte el partio' pero, al final, acaba consiguiéndolo. El partido más largo de lo que va de torneo fue, sin duda alguna, el más bonito.

La pista favorecía los intereses estadounidenses. Pista rápida, dura, cubierta... la bola bota bajo y no le coge a Nadal todo su excepcional efecto liftado... todo en contra para el de Manacor.

Andy Roddick saltó a la pista dispuesto a dar la campanada, a decir que no a venido a Londres de compras. Quiere terminar bien la temporada, abandonar ese octavo puesto que tan poco le gusta y ascender un poquito más. Sabe, porque tiene experiencia de sobra, que contra Nadal hay que ganar rápido y sin dar opciones, porque si no se te come con patatas.

Y a eso salió el de Nebraska. Empezó a soltar el brazo con la primera bola que golpeó y sus saques eran auténticos misiles fuera del alcance de Rafa. El primer set se nos fue en un 'volao', con un Roddick agresivo y, hasta el momento, con apariencia de inabordable.

Nadal, que aunque vista un poco raro (ayer de morado chillón) es un genio del tenis, consiguió romper esa apariencia. El segundo set empezó como el primero, con un Roddick aplastante. Sin embargo, y esta es la primera de las claves: Rafa no se rindió. Así como otros se dejan llevar hasta el final del partido y hacia una irremisible derrota, Nadal no cesa de luchar hasta la última bola. En esto se parece a Ferrer. Se puso en el fondo de la pista y comenzó a intentar desplazar a Roddick de lado a lado, sin dejarle abrir demasiados ángulos, sin dejarle llegar cómodo a la bola para atacar. Al mismo tiempo, multiplicó su ya de por sí formidable desplazamiento con los pies, y comenzó a llegar a todos los ataques de Roddick. A pesar del desgaste físico que supuso eso para el español, tuvo un efecto mucho más determinante para Andy Roddick: cuando estás dentro de una pista de tenis y tu rival está llegando a todo, comienzas a pensar, a dudar. ¿Cómo hago el punto si llega a todo? La respuesta casi siempre, en el calor de un partido, reside en arriesgar más. Tratar de pegarle más fuerte. Tratar de ajustar más a la línea. Y, como consecuencia, se falla más, se gana en inseguridad y se acaba por perder, punto a punto, el partido. Nadal, con su extraordinaria condición física y mental, fue capaz de provocar esta reacción en Andy Roddick. El español se ató los machos, se animó a sí mismo sin cesar con sus ya populares gritos: "¡Vamos!" y se fue a por el partido. Es algo que sabe hacer muy bien, resistir, animarse a sí mismo, evolucionar a lo largo de un encuentro. ofrecer un tenis increíble cuando es necesario (el tie-break que jugó fue impresionante) y convertirse en un frontón cuando la ocasión lo merece (últimos juegos del segundo set).

Poco a poco los puntos se fueron haciendo más largos, los peloteos, más habituales. Nadal, en definitiva, supo llevar el partido a su terreno, al que a él le gusta. Y, a lo largo de los juegos, se fue afianzando en la pista. Del vendaval inicial pasamos a un partido igualado, tenso, en el que cada punto valía un potosí. El escenario en el que Nadal se desenvuelve como pez en el agua. Consiguió llegar al tie-break del segundo. La moneda cayó de cara en el desenlace, aunque también hay que decir que fue así porque Nadal la empujó hacia ese lado. En el tercer set, el partido siguió la misma tónica. Un Rafa cada vez más enchufado comenzó a regalarnos puntos de ensueño. Passings de ciencia ficción. Roddick estaba ya fuera del partido y, aunque vendió cara su piel, acabó sumiso con el saque de Nadal.


Ahora el número uno del mundo, que ayer reafirmó su posición (no por puntos, sino por autoridad), ha dado un golpe sobre la mesa. No es su superficie. Acumula más partidos que nadie. No necesita los puntos. Ayer Nadal, al acabar el partido, parecía responder a estas preguntas y a muchas otras con sus ansías de ganar y su ambición. Parecía responder: "Sí, ¿y qué?".


lunes, 22 de noviembre de 2010

Nadal gana el mejor partido en lo que va de torneo

Épico, guerrero, luchador, roca, fuerza: Rafa Nadal. Ese es el resumen de su partido. Pero vayamos por partes.

El primer encuentro del día enfrentó a dos de los jugadores del grupo de Nadal: Tomas Berdych, sexto sembrado, y Novak Djokovic, tercer sembrado.


No tuvo mucha historia la primera disputa tenística del día. 'Nole' pasó por encima del checo como quien barre la puerta de su casa. El debutante pagó sus nervios y no pudo asentarse sobre el cemento del O2 Arena. Es más, parecía con más ganas de largarse de la pista que de jugar el partido nada más saltar a ella. Se le hizo grande el torneo. A ver sí se serena para subirse a las barbas de Roddick un poquito, y no de Nadal.

En todo caso, al serbio le salieron las cosas redondas. Victoria rápida, con la tercera marcha nada más, partido corto y fuerzas administradas para la Davis. 6-3 y 6-3 para Djoko y a casita a descansar.

En el otro partido del grupo, el que acaba de finalizar, todo lo contrario. Hubo que llegar al tercer set para dirimir al campeón.

Andy Roddick comenzó sacando de la pista a Rafa con sus misiles. Su saque es peligrosísimo en el cemento londinense. La bola se acelera muchísimo y Roddick se adapta perfectamente a esta superficie. Le pasó por encima al manacorí. Pero, le pese a quien le pese, Rafa es demasiado Rafa.

Con una pista en contra, un juego que no le beneficia y menos ritmo de competición que su rival, pudo levantarse. El segundo set empezó mal para él. Roddick le volvió a romper el servicio y parecía que el encuentro tenía poca historia. Sin embargo, Nadal no pierde ningún enfrentamiento hasta la última bola. Y hoy lo ha demostrado con creces. Cogió la manija del partido y se hizo con él otra vez. Devolvió el break, gritó su "¡Vamos Rafa!" (cada vez menos corriente, y cómo lo echábamos de menos) y se fue a por el partido. Forzó el tie-break en el segundo set a base de correr y correr y correr y aguantar las embestidas y los saques de Roddick. Y, a pesar de que también empezó mal en el Tie-Break, es harto complicado ganarle en estas ocasiones. Se hizo con la muerte súbita con un juego excelso y se dispuso para el tercer set.

Un tercer set igualado, pero en el que Rafa ya encaraba el partido de otra manera. Como a él le gusta, con el viento de cara y la confianza de su parte. Después de haber superado una situación adversa, el español venía crecido, logrando puntos de bella factura. No tardó en romper el saque de su rival, Roddick, que no sabía cómo ganarle los tantos. Cada vez tenía que arriesgar más, porque Nadal estaba omnipresente y llegaba a todo. Y esa es la causa de la pérdida de seguridad de Roddick y la bajada de sus porcentajes en sus servicios y sus winners. Al tener que jugar al límite para conseguir cada punto, es más fácil fallar. Roddick lo sabía, y era su losa. Nadal lo sabía, y eso le espoleaba: tenía todo a favor.

Así las cosas, se plantó Nadal con 5-3 y saque de Roddick. El estadounidense pudo hacer el juego sin muchas dificultades. Y, al juego siguiente, 5-4 y saque para Nadal, la hora de cerrar el partido.


Un juego que se hizo largo para Nadal, un juego para conseguir su primer partido en la Copa Masters en Londres. Le costó, pero ahí está. 3-6 7-6 y 6-4.  Nadal ha conseguido una victoria trabajada. Un partido que se le complicó en el primer set. Pero Rafa es mucho Rafa, es el número uno y le gusta demostrarlo. Se agarró a la pista y pudo vencer al número 8 del mundo, lo que le sirve para afianzar su juego, ganar confianza y mandar un aviso a navegantes: El primero ha caído.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Fin de la primera jornada


Terminó la primera jornada de las Barclays ATP World Tour Finals. Pocas sorpresas.

Murray, llevado en volandas por su público, con un tenis directo y vistoso, pudo imponerse sin mayores dificultades a un mermado Robin Soderling, que acusó los nervios del debut y perdió en un rápido 6-2 y 6-4, en tan sólo 80 minutos de juego.

Por su parte, Federer saltó al O2 Arena dispuesto a finiquitar por la vía rápida a David Ferrer. El de Jávea fue una sombre de sí mismo durante el primer set, lo que es especialmente dañino para sus opciones de clasificación, mucho más que la derrota en sí (aquí cuentan los sets y los juegos ganados). Sin embargo, Federer no supo, por un lado, cerrar el partido en el segundo. Por el otro lado, 'Gladiator' por fin mostró en los instantes finales del partido la rabia y el juego que le deben permitir hacer algo de valor en este torneo. Hoy hemos visto dos jugadores distintos. Uno pasota y desesperado, otro rabioso y luchador. En caliente se precipitó e incluso llegó a romper la raqueta, pero eso no es del todo malo. Al menos demuestra que lucha por el partido. A Federer le costó sudor hacerse con el segundo set, y es lo que tiene que conseguir Ferrer en los dos partidos que le restan. Puede que haya perdido la primera batalla pero, al menos, el segundo set le ha hecho vislumbrar el camino para ganar la guerra.




La mayor lectura de este partido y de esta primera ronda es que, si mantiene el nivel mostrado en el primer set, Federer da auténtico miedo. Sin embargo, en el segundo set ha vuelto a ser ese jugador errático, gris, frío y desconcentrado que cree tener el partido en sus manos. Le ha costado cerrar el partido y ese ha sido el factor que ha permitido a Ferrer estar a punto de hacerse con la segunda manga (podría haberlo hecho de haber estado un poco más centrado).

Esta primera jornada, la del Grupo A, nos ha dejado con ganas de más. Con ganas de ver si Roddick, Nadal, 'Nole y Berdych pueden ofrecer algo más. Los dos últimos son una incógnita. De los dos primeros, es seguro saber que van a protagonizar uno de los mejores partidos del torneos. Señores, esto sólo acaba de empezar...

Y mi apuesta es para...


Hoy comienzan las finales de la ATP. Hoy se dirime el título de Maestro de la temporada 2010. Esta tarde comienza el camino hacia el último título importante de la temporada (del circuito ATP, claro). Después de analizar uno por uno a los contendientes, ahora ha llegado la hora de dar mi postura al respecto.

Arriesgarse a decir cuál de ellos va a ganar, cuál de los mejores 8 tenistas del mundo llega más en forma a esta cita, a cuál le beneficia más la pista dura, cuál está más motivado es una tarea casi imposible. Todos tienen un tenis excepcional, muestra de ello es su presencia en Londres pero, en mi opinión, entre los favoritos hay algunos más favoritos que otros.



Las apuestas no se deciden a dar dicho favoritismo a Nadal o a Federer, seguidos de Murray, que tiene una buena cuota por jugar en casa. Por detrás, cuesta ponerse de acuerdo en quién es más o menos candidato a alzarse con el triunfo. Sin embargo, suele coincidir que Berdych y Ferrer sean los que tienen la cuota más alta, es decir, a los que menos posibilidades les otorgan de conseguir la machada. 

Sin embargo, yo no estoy de acuerdo. Para mí, y posiblemente me equivoque porque tratar de predecir un partido de tenis es imposible, el menor favorito a ganar en Londres es Djokovic. No por su tenis, ni porque llegue en un momento malo de forma, sino porque él mismo ha declarado que la final de la Copa Davis que dentro de 15 días disputara en Serbia contra Francia tiene prioridad sobre la Copa de Maestros. Y un jugador que se enfrenta a un top-8 sin poner toda la carne en el asador tiene escasas posibilidades. 

Tampoco creo que Berdych sea un candidato real al título. Su envergadura, su saque y su agresividad pueden ser, desde luego, una posibilidad para vencer en Londres. Pero no creo que sea así. El juego de Berdych exige un estado de forma expcecional, una regularidad que dure una semana o más y, además, frente a jugadores atezados como Nadal o Ferrer, acostumbrados a este tipo de juego. No, no creo que Berdych sea un firme candidato al título.


Me siento inclinado a pensar que David Ferrer va a ser la sorpresa positiva del torneo, tal vez no ganando pero sí llevando a cabo un buen torneo. ¿Por qué? Bueno, tal vez me tiren un poco las ganas que tengo, pero también porque se que es un jugador que llega con las expectativas de haber hecho ya su trabajo, sin presión, a disfrutar del tenis. Porque sabe agarrarse a la pista y luchar y adaptarse al cemento y porque es el segundo jugador que más partidos ha ganado este año, empatado con Federer y sólo por detrás de Nadal.

Entre el resto de jugadores, la verdad es que está igualadísimo. Nadal y Federer siempre parten con un poco de ventaja. Tal vez Murray también, en esta ocasión, por jugar en casa y por tener el aliciente de recuperar el cuarto puesto en detrimento de Soderling, que también comparece en gran estado de forma. Y, por supuesto, Andy Roddick, un sacador nato, que se desenvuelve de maravilla sobre el cemento y que tiene el peso de la experiencia sumado a sus grandes cualidades técnicas.

Entonces, ¿con cuál me quedo? Difícil. Pero me voy a arriesgar. Consciente de que no será así y estaré deplorablemente equivocado, me la juego por Rafa Nadal. Rafa, al que esta superficie no le va. Rafa, que ha jugado, posiblemente, más partidos que nadie esta temporada. Que lo ha ganado casi todo. Que no tiene que demostrar nada. Y, precisamente por eso, va a salir a por todas en la pista. Me imagino a Nadal, en un sofá, mordiéndose las uñas mientras veía a sus rivales sumar puntos en París y estar ansioso por saltar a la pista de nuevo, una vez recuperado de sus molestias en el hombro. Y ese Nadal, descansado psicológica y físicamente, es terrible. Sólo le queda este título grande por ganar. Sería el primero en obtener US Open, Wimbledon, Roland Garros y, además, la Copa Masters en una sola temporada. Y dice que lo malo es que la bola bota poco. Como ha dicho esta mañana el gran @CharlyMoyá en Twitter, en ningún sitio bota menos que en Wimbledon, y miren quién ganó allí. Demasiados alicientes como para que este devora-títulos lo deje pasar. Por eso apuesto por Nadal, aunque sea el tópico y lo más fácil. 


Y, además, apuesto también porque Federer va a llegar a la final para enfrentarse con él. ¿Por qué? Tal vez porque llevan meses sin ofrecernos el mejor partido de tenis que puede verse en el mundo. Tal vez porque todos tenemos ganas de que sigan aumentando la leyenda de esta increíble rivalidad. Tal vez porque Roger no se conformará jamás con el segundo puesto y su calidad, su tenis y su talento le permiten llegar a la final de una Copa de Maestros sin despeinarse poco menos. Además, ha realizado un notable final de temporada.
Para las semis, es decir, mi apuesta por los jugadores que van a pasar de ronda es la siguiente: Andy Roddick en el grupo de Nadal y David Ferrer en el grupo de Federer. ¿Las ganas que tengo? Sí, tal vez. Pero es que en el grupo de Nadal, Djokovic se va a reservar para la Davis y a Berdych lo veo inferior a Roddick. Y en el grupo de Federer, Ferrer necesitará poco menos que un milagro para pasar, pero el de Jávea está más que acostumbrado a obrarlos. Y, qué cojones, se lo merece. 


Ahora esperar que al menos una de mis predicciones sea correcta (lo cual sería increíble). Sólo es la opinión de un maníaco del tenis. Seguramente, terriblemente equivocada. Pero bueno, ahí la dejo.
La cuestión es que esta tarde comienza uno de los torneos más apasionantes del año. Os dejo un magnífico gráfico de Marca.com al respecto. 
Sentémonos y disfrutemos de este último torneo antes de que termine la temporada, de los mejores 8 jugadores del mundo luchando por el último entorchado, de sus postreras reservas de tenis, con las que quieren (y esperemos que lo consigan), deslumbrarnos más que los focos del O2 de Londres.


sábado, 20 de noviembre de 2010

¿Cómo llegan los protagonistas a Londres? Parte IV



Último post del mini-serial en el que estoy analizando en unas pocas líneas cómo llegan los 8 jugadores clasificados para estas finales de la ATP. En esta ocasión trataré de opinar un poco sobre los 'últimos' clasificados de este excelso top 8. Andy, Roddick, que participa por octava vez consegutiva, primer rival de Nadal y, por supuestísimo, el segundo español en liza, el gladiador David Ferrer, que quiere volver a probar las mieles de las finales como hizo en 2007, cuando sólo el gran Roger Federer pudo privarle de la victoria en la final del campeonato. ¿Serán los últimos los primeros? ¿Darán la campanada? Tendremos que esperar para saberlo, pero ahora ya sólo hasta mañana, día en el que empieza este espectacular Barclays ATP World Tour Finals.



Nadie destacará su juego, aunque es buenísimo, cuando hable de David Ferrer. No. David Ferrer es el gladiador, el luchador, el aguerrido, el que se aprieta los machos y no da un punto por perdido. El jugador al que no ganas hasta el último punto. Puede que sea la cenicienta de esta Copa Masters, pero nadie duda que va a ser una cenicienta difícil de ganar. Cada punto que se le gana cuesta sangre, sudor y lágrimas. Llega pletórico de forma, más descansado que sus rivales y con la confianza de los buenos resultados obtenidos y de no tener nada que perder y si mucho que disfrutar. Sueña con reeditar la maravillosa actuación de 2007 y, la verdad, se lo merece. Se lo merece porque lleva diez años curtiéndose en mil batallas y no bajando nunca de los puestos nobles de la clasificación, porque su sacrificio y su entrega no son sino una muestra de su disciplina y, sobre todo, de su amor por este deporte. Es el jugador por el que todos nos identificamos, que juega bien pero que no basa en ello todo su juego, sino en un desplazamiento rapidísimo, un golpe seguro y regular y una mentalidad que recuerda a una roca sobre la pista. Se incrusta en el fondo de la pista y desde ahí doblega con bolas liftadas y profundas todos los ataques del rival. Los desgasta y los hunde física y psicológicamente. No destaca en ningún golpe en especial, a pesar de que todos ellos son seguros y pesados, por lo que cuesta mucho enfrentarse a él. Sin embargo, puede modificar su juego y hacerlo más agresivo para adaptarse al cemento, como demostró en Shanghai en 2007. Es el tenista que se ha construido a sí mismo a lo largo de los años y ha conseguido llegar a un nivel excepcional, tanto como para poder comparecer, de nuevo, en Londres, a pesar de que él nunca se ha considerado un tenista de la talla de los jugadores a los que se va a enfrentar. Precisamente por eso sí que lo es.
Su temporada ha sido la de la reconfirmación, destacando especialmente su final en Roma. Comenzó mal, con dos primeras rondas en enero, pero luego llego a semis en el SA Tennis Open y una final en Buenos Aires, antesala de su triunfo en Acapulco. Tras una gira americana no demasiado buena, llegó a semifinales en el masters 1.000 de Monte-Carlo y en Barcelona. Después de ello, llegó a la final de Roma, donde no pudo con el todoterreno Nadal. Poco después, refrendó su buena temporada de tierra con unas semifinales en Madrid, aunque no pudo poner la guinda en Roland Garros, donde perdió con Melzer en tercera ronda. Sin embargo, todo ese colchón de puntos ha sido, a la postre, definitivo para entrar en Londres.
En Wimbledon se superó a sí mismo llegando a cuarta ronda, lo que nunca antes había conseguido. Desde entonces, su temporada ha sido, si hay que definirla en una palabra, regular. Ha cumplido con buenas actuaciones en todas las plazas donde ha comparecido, especialmente en su casa, en Valencia, donde ganó antes su público.
Si hay alguien que se merece jugar, y disfrutar, en el O2 de Londres, ese es el tenista de Jávea, un tenista como la copa de un pino.



El estadounidense, el segundo Andy de este torneo, tiene años y años de tenis a sus espaldas, y puede presumir de haber comparecido siempre en la Copa Masters (el año pasado estaba clasificado pero no jugó por lesión). Su juego pretendía ser el heredero de Pete Sampras y Andre Agassi, continuar el dominio tenístico norteamericano, pero se ha visto lastrado por una generación de europeos que han podido contrarrestar sus potentísimos servicios, para algunos los mejores del circuito, y su juego agresivo. Sin embargo, siempre se ha mantenido en primera fila, luchando con los mejores y, en muchas ocasiones, venciéndoles. Su juego siempre es peligroso y más sobre el cemento. Andy Roddick es un jugador regular dentro de su estilo de juego, y en pista rápida es peligrosísimo. Siempre es candidato a todo, por su tenis, por su experiencia y porque, en forma, puede jugar un tenis casi invencible, como demostró en la final del año pasado de Wimbledon frente a Roger Federer, aquel maratoniano partido que nos enganchó a casi todos al televisor.

Ha sabido desarrollar su juego desde el servicio potentísimo que ha ostentado siempre hasta una regularidad en sus golpes pasmosa, siempre entre los mejores, algunso dicen que siempre ha sido una promesa por detrás de los grandes, pero no estoy de acuerdo. Sólo él y Federer llevan diez años ganando. Es un triunfador nato, un inconformista. Siempre en el top 10, salvo por circunstancias excepcionales, siempre regular, siempre en las rondas finales de los torneos, salvo tal vez en tierra. Roddick se pasea por las pistas de todo el mundo demostrándole a todos por qué le llaman 'cañonero', sin importar la fase de la temporada, el rival o el torneo. Ha ganado dos títulos esta temporada y tiene un excepcional balance de 48 partidos ganados por sólo 15 perdidos en todo el año. Pone sobre la mesa una carta de presentación al alcance de muy pocos, porque el nombre de Andy Roddick se define por sí mismo en el tenis: 29 títulos ATP y 555 partidos ganados. Esperemos, por el bien de Nadal, que no sume el 556 el lunes...

viernes, 19 de noviembre de 2010

¿Cómo llegan los protagonistas a Londres? Parte II

Continuamos con la serie de análisis de los protagonistas que, estos próximos días, saltarán a la cancha en el O2 de Londres para deleite del público.

En esta entrada, hablaremos del número 3 y del número 4 del mundo.


'Nole' o 'Djoko', como prefiera el lector, es el eterno aspirante. El personaje con el que nadie cuenta pero con el que siempre hay que contar. Sin hacer mucho ruido siempre está tan sólo un escalón por debajo de Rafa Nadal y de Roger Federer y, puntualmente, por encima en la clasificación. Sólo esto ya sirve como excepcional tarjeta de presentación.

El serbio es una persona amable, bromista y afable, que cae bien prácticamente a todos y que anima el circuito con sus imitaciones y sus shows mediáticos. Sin embargo, dentro de la pista es todo lo contrario. No serio, pero sí agresivo, un jugador potente, con golpes rápidos, que martillean al rival y le hacen correr. La bola le corre una barbaridad y sus golpes de ataque son, probablemente, los mejores del mundo. Cuando está en racha y le sale todo de cara, es imposible vencer a Novak Djokovic. Afortunadamente para los españoles y desafortunadamente para él, no siempre es así, y suele alternar su gran juego con fases de mayor apatía y menor seguridad que, ante grandes jugadores como Nadal o Federer, le dificultan alzarse con los partidos. Todo esto, está claro, dentro de su excepcional nivel, no alcanzable más que para 3 ó 4 jugadores del mundo.

Comenzó la temporada con unos cuartos de final en Australia, que le permitieron ascender al segundo escalafón del Ránking ATP. Siguió obteniendo buenos resultados en el inicio de temporada: semifinales de Rotterdam, campeón en Dubai, torneo que, según sus mismas palabras, le imbuyó una gran dosis de confianza. Sin embargo, a lo largo de los meses lo lastró su falta de regularidad, como por ejemplo en Miami, donde cayó en segunda ronda con Olivier Rochus.

Su temporada de tierra no fue especialmente brillante, pero tampoco fue mala: semis en Montecarlo y cuartos en Roma (las dos veces perdió con Fernando Verdasco). Después, unas alergias le retiraron de Belgrado y le impidieron comparecer en Madrid. Y la semana siguiente, en Roland Garros, el sorprendente Melzer, que fue la revelación del torneo, le apeó en cuartos de final.

Tampoco la época de la hierba le fue muy propicia, ya que en Queen's cayó en tercera ronda. Sin embargo, consiguió defender los puntos que le habían dado el pasado año sus semifinales en Wimbledon, un grandísimo apoyo en esos momentos.

A pesar de ayudar a Serbia a llegar a sus primeras semifinales de la Davis Cup y de llegar a semifinales en Toronto, las recuperaciones primero de Nadal y luego de Federer le relegaron, de nuevo, al tercer puesto de la clasificación mundial, donde parece destinado desde siempre por culpa de estos dos titanes.

Su final de curso ha sido notable. Destacaré especialmente la final que alcanzó en el US Open tras un brillantísimo torneo y una memorable semifinal frente a Roger Federer. No pudo con Nadal, tal vez porque fue ya demasiado, tal vez por cansancio o porque Nadal estaba lanzado hacia su Grand Slam. Sin embargo, fue un gran resultado y recuperó el número 2 del ránking ATP y continuó su gran segunda parte de temporada imponiéndose a David Ferrer en la final de Beijing, ganando su decimoctavo título ATP. Después de eso, semifinales de Shanghai y final en Basilea, cayendo en ambas con Roger Federer, quien a la postre le arrebató de nuevo el número 2 del mundo en su lucha particular. Tampoco en París brilló especialmente, pero llega dosificado a una de sus superficies favoritas, a una pista que le favorece y a un torneo que ya ha ganado. Novak Djokovic siempre es una alternativa al título, y tiene entre ceja y ceja el objetivo de recuperar el número 2 del mundo, para poder asaltar el trono de Nadal. Veremos si acaba consiguiéndolo. Tenis tiene para ello.


Robin Soderling ha dado, por fin, el paso adelante que todos esperábamos que diera. Por tenis, por confianza y por cómo llega, es el principal peligro y la alternativa a 'los tres mosqueteros', a los tres primeros del ránking.

Ha ganado 'sólo' dos títulos este año: Rotterdam y el obtenido la semana pasada, París.
Sin embargo, su gran baza ha sido la regularidad. Ha llegado a las finales de Barcelona, Roland Garros y Bastad (cayó en todas ante españoles: Verdasco, Nadal y Almagro, respectivamente) y a las semifinales de Valencia, Indian Wells y Miami. Es un jugador todoterreno, que ha demostrado adaptarse bien a todas las superficies. Su tremendo final de temporada, con los cuartos en el US Open y Shanghai, las semis de Valencia y el título en París le han aupado por encima de Murray al 4 puesto del mundo.

Pero no es sólo el frío resultado el que nos sitúa a Soderling como favorito, sino las sensaciones. A pesar de que no es, precisamente, un jovenzuelo, Soderling ha aparecido relativamente hace poco entre los primeros puestos de la clasificación. Era el típico jugador que todos vemos con grandísimas posibilidades, pero que no acaban de despuntar. Ahora sí que lo ha hecho. En estos dos últimos años ha demostrado que puede triunfar en torneos grandes, llegar a finales de Grand Slam y vencer a los mejores. Su juego es sólido, regular y potente. Tiene golpes fuertes pero no exento de clase, con un buen saque y unos golpes de fondo seguros y profundos. En definitiva, un jugador completo que obtiene grandes resultados en tierra pero que se ha adapta a otras superficies a la perfección, y que llega a Londres con la etiqueta de campeón del último Masters 1000 de la temporada, el de París. Buena carta de presentación. Dicen que el campeón en París no suele reeditar su triunfo en el Master, que llega cansado y que es difícil ser regular tantas semanas seguidas. Soderling quiere romper este dogma. Con posibilidades, desde luego, cuenta.


Hasta aquí esta segunda parte de los protagonistas de Londres. Esta tarde o mañana por la mañana subiré la tercera parte, que incluirá a Andy Murray y a Tomas Berdych.