Llega el torneo más peculiar del año. El de los tenistas vestidos de blanco. El de las fresas con nata. El de los postes de la red marrones y clásicos. El de la hierba. El de la aristocracia británica. Es el torneo que todos quieren ganar, el que respira historia y tradición por los cuatro costados. Es Wimbledon, y aquí se juega tenis de etiqueta.
Análisis y actualidad del mundo de la raqueta. Información sobre tenis y sobre pádel
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jueves, 16 de junio de 2011
martes, 14 de junio de 2011
Vuelve Serena, vuelve el espectáculo
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domingo, 16 de enero de 2011
Los históricos del Australian Open
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El Abierto de Australia está a punto de hacerse centenario. Tiene 98 años a sus espaldas. Tantos trofeos están repartidos entre inmensos jugadores, sorpresas increíbles o tremendas rachas. El Open de Australia ha sido menospreciado en algunas épocas de la historia, pero no ha perdido nunca la capacidad de encumbrar jugadores a lo largo de su dilatada leyenda.
Desde que fuera creado, allá por el año 1905, con el nombre de 'Campeonatos de Australia', muchos grandes jugadores de tenis de la historia se han impuesto en las pistas de Kooyong y Melbourne (en 1988 decidieron modificar el decadente rumbo del torneo modificando la hierba por el cemento y llevándolo al Melbourne Park). No nos extenderemos mucho porque lo que nos ocupa en este post es hablar un poco de los más míticos campeones que han vencido en estas pistas.
Los primeros años estuvieron marcados por el dominio local de hombres como Anthony Wilding o Rodney Heath, Pat O'Hara Wood o James Woods. A partir de 1927 pasó a de la denominación de 'Campeonato de Australasia' a 'Campeonato de Australia', pero el dominio local siguió siendo igual de fuerte. Los nombres propios de esta época son Jack Crawford, Adrian Quist o Ashley Cooper. Ya en la década de los 60 comenzamos a hablar de dos personajes que marcaron época: Rod Laver, que a la postre ha dado nombre a la pista central del complejo de Melbourne Park, se hizo con dos entorchados. Por su parte, el también australiano Roy Emerson batió todos los récords: 6 trofeos y una final (perdida ante Rod Laver) entre 1961 y 1967, La única presencia española la encontramos en la final de 1968, el último año de la era antigua del tenis, cuando Juan Gisbert, padre, perdió ante el 'aussie' William Bowrey.
Con la entrada en vigor de la nueva etapa, la Era Open, se destacan varios factores. Por ejemplo, que Ken Rosewall, que no había ganado desde 1953 y 1955, se alzó con dos triunfos más. También Rod Laver figura entre aquellos que ganaron el torneo en la era Amateur y en la Open (de hecho, en 1969 consiguió el Grand Slam). La nacionalidad del ganador se diversifica: entran en escena distintos jugadores, como los estadounidenses Arthur Ashe (1970) y Jimmy Connors (1974) o el argentino Guillermo Vilas (1978 y 1979), entre otros. Es curioso el dominio en la década de los 80 de los suecos. Indudablemente, hay que hablar en este caso de Mats Wilander, el único jugador que fue capaz de ganar tanto en superficie de cemento como sobre hierba, pero no podemos olvidarnos, por supuesto, de Stefan Edberg. Entre ambos monopolizaron los títulos y se los llevaron hacia los países escandinavos entre 1983 y 1988. Dejando en la cuneta, indistintamente, a Pat Cash, Kevin Curren e Ivan Lendl.


Fue el checo quien pudo tomarse la revancha poco después, ya que en 1989 y 1990 se alzó brilantemente con el título pasando por encima de Miloslav Mečíř y del propio Stefan Edberg. En los 90, el premio se diversifica mucho y varios tenistas se distribuyen los honores: Boris Becker (1991), Jim Courier (1992 y 93), Pete Sampras (1994 y 97), Andre Agassi, quien se quedó a dos del récord de Emerson (1995, 2000, 2001 y 2003), Petr Kodra (1998) y Yevgeny Kafelnikov (1999). Como hemos visto, el principio de la década que finalizó hace sólo unos días tuvo como claro dominador al inconfundible Andre Agassi. El sueco Thomas Johansson (2002) se coló entre sus títulos, pero no fue hasta 2004 cuando surgió la nueva figura, el otro dominador de la década. El primer suizo que ganaba el torneo: Roger Federer, cómo no. El helvético se ha ganado los máximos aplausos de la Rod Laver Arena hasta en 4 ocasiones: 2004, 2006, 2007 y el pasado año 2010, cuando venció en la final al británico Andy Murray. El único capaz de pararle fue, en un principio, el ruso Marat Safin en 2005. Después, fue Novak Djokovic el que desafió su dominio al vender en la final de 2008 al francés Tsonga. Finalmente, los españoles obtuvimos nuestro premio, y en 2009 el español Rafael Nadal se convirtió en el primer jugador patrio en ganar allí. Lo hizo sobre Roger Federer, en la última de sus legendarias batallas, que acabó, como todos sabemos, con el de Basilea llorando sobre la pista. Sin embargo, el año pasado Roger Federer se alzó sobre todos los demás, cerrando las bocas de aquellos que lo veían apagado y acabado. La técnica del suizo pudo con todo, igualando el registro de hombres como Agassi o Ken Rosewall
El Abierto de Australia está a punto de hacerse centenario. Tiene 98 años a sus espaldas. Tantos trofeos están repartidos entre inmensos jugadores, sorpresas increíbles o tremendas rachas. El Open de Australia ha sido menospreciado en algunas épocas de la historia, pero no ha perdido nunca la capacidad de encumbrar jugadores a lo largo de su dilatada leyenda.
Desde que fuera creado, allá por el año 1905, con el nombre de 'Campeonatos de Australia', muchos grandes jugadores de tenis de la historia se han impuesto en las pistas de Kooyong y Melbourne (en 1988 decidieron modificar el decadente rumbo del torneo modificando la hierba por el cemento y llevándolo al Melbourne Park). No nos extenderemos mucho porque lo que nos ocupa en este post es hablar un poco de los más míticos campeones que han vencido en estas pistas.
Los primeros años estuvieron marcados por el dominio local de hombres como Anthony Wilding o Rodney Heath, Pat O'Hara Wood o James Woods. A partir de 1927 pasó a de la denominación de 'Campeonato de Australasia' a 'Campeonato de Australia', pero el dominio local siguió siendo igual de fuerte. Los nombres propios de esta época son Jack Crawford, Adrian Quist o Ashley Cooper. Ya en la década de los 60 comenzamos a hablar de dos personajes que marcaron época: Rod Laver, que a la postre ha dado nombre a la pista central del complejo de Melbourne Park, se hizo con dos entorchados. Por su parte, el también australiano Roy Emerson batió todos los récords: 6 trofeos y una final (perdida ante Rod Laver) entre 1961 y 1967, La única presencia española la encontramos en la final de 1968, el último año de la era antigua del tenis, cuando Juan Gisbert, padre, perdió ante el 'aussie' William Bowrey.
Con la entrada en vigor de la nueva etapa, la Era Open, se destacan varios factores. Por ejemplo, que Ken Rosewall, que no había ganado desde 1953 y 1955, se alzó con dos triunfos más. También Rod Laver figura entre aquellos que ganaron el torneo en la era Amateur y en la Open (de hecho, en 1969 consiguió el Grand Slam). La nacionalidad del ganador se diversifica: entran en escena distintos jugadores, como los estadounidenses Arthur Ashe (1970) y Jimmy Connors (1974) o el argentino Guillermo Vilas (1978 y 1979), entre otros. Es curioso el dominio en la década de los 80 de los suecos. Indudablemente, hay que hablar en este caso de Mats Wilander, el único jugador que fue capaz de ganar tanto en superficie de cemento como sobre hierba, pero no podemos olvidarnos, por supuesto, de Stefan Edberg. Entre ambos monopolizaron los títulos y se los llevaron hacia los países escandinavos entre 1983 y 1988. Dejando en la cuneta, indistintamente, a Pat Cash, Kevin Curren e Ivan Lendl. 

Fue el checo quien pudo tomarse la revancha poco después, ya que en 1989 y 1990 se alzó brilantemente con el título pasando por encima de Miloslav Mečíř y del propio Stefan Edberg. En los 90, el premio se diversifica mucho y varios tenistas se distribuyen los honores: Boris Becker (1991), Jim Courier (1992 y 93), Pete Sampras (1994 y 97), Andre Agassi, quien se quedó a dos del récord de Emerson (1995, 2000, 2001 y 2003), Petr Kodra (1998) y Yevgeny Kafelnikov (1999). Como hemos visto, el principio de la década que finalizó hace sólo unos días tuvo como claro dominador al inconfundible Andre Agassi. El sueco Thomas Johansson (2002) se coló entre sus títulos, pero no fue hasta 2004 cuando surgió la nueva figura, el otro dominador de la década. El primer suizo que ganaba el torneo: Roger Federer, cómo no. El helvético se ha ganado los máximos aplausos de la Rod Laver Arena hasta en 4 ocasiones: 2004, 2006, 2007 y el pasado año 2010, cuando venció en la final al británico Andy Murray. El único capaz de pararle fue, en un principio, el ruso Marat Safin en 2005. Después, fue Novak Djokovic el que desafió su dominio al vender en la final de 2008 al francés Tsonga. Finalmente, los españoles obtuvimos nuestro premio, y en 2009 el español Rafael Nadal se convirtió en el primer jugador patrio en ganar allí. Lo hizo sobre Roger Federer, en la última de sus legendarias batallas, que acabó, como todos sabemos, con el de Basilea llorando sobre la pista. Sin embargo, el año pasado Roger Federer se alzó sobre todos los demás, cerrando las bocas de aquellos que lo veían apagado y acabado. La técnica del suizo pudo con todo, igualando el registro de hombres como Agassi o Ken Rosewall
Ahora, Rafa Nadal quiere entrar en el selecto grupo de los que repiten, Los más importantes (tres o más títulos) de entre ellos son grandes jugadores como el propio Federer (4), Agassi (4), Mats Wilander (3), Rod Laver (3), James Anderson (3), Adrian Quist (3), Ken Rosewall (4), Jack Crawford (4) y, por supuesto, Roy Emerson (6). De esta forma, al contar con dos coronas, el balear igualaría a otras leyendas del deporte de la raqueta, como Boris Becker.
Por su lado, Roger Federer busca destacarse en ese grupo de jugadores con 4 títulos y acercarse al título de Roy Emerson, que tiene entre ceja y ceja.
Las raquetas están encordadas. Las bolas, a punto para abrirse. La red está tensada y los asientos limpios. Siéntese y disfruten. En Australia se respira calidad, se respira historia y se respira competición. Se respira tenis. Y 128 jugadores quieren entrar en su Historia.
jueves, 13 de enero de 2011
Enric Molina, la estrella desconocida
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Para Enric Molina, los partidos más difíciles de arbitrar son, como es evidente, los de la Copa Davis. ¿Por qué? Pues por tener un público local, volcado con uno de los equipos, que quiere meter presión, ayudar a su selección... sin embargo, ese público 'futbolero' como el lo llama, ese ambiente y esa pasión también le motivan y hacen que los partidos sean especiales. Por otro lado, considera lo más importante llevar a cabo el trabajo con dignidad y respeto hacia los jueces de línea y los demás encargados de ese trabajo.
ANÉCDOTAS DE ENRIC MOLINA
Es joven, está en el Top Six y está presente en todos los Grand Slam, Masters, Copas Davis... sin embargo a muy poca gente le suena su nombre: Enric Molina.
Se trata de uno de los seis mejores jueces de silla de tenis del mundo, uno de los seis que la Federación Internacional tiene contratados de forma fija y a los que asigna los torneos más importantes. Es, por tanto, el único juez de silla español miembro de la 'Gold Badge', lo que le ha permitido arbitrar partidos tan importantes como la final del Abierto de Australia de 2010 entre Roger Federer y Andy Murray, la del Abierto de Estados Unidos entre Andre Agassi y Roger Federer en 2005, la final femenina de Roland Garros de 2008 entre Ana Ivanovic y Dinara Safina o las finales de Copa Davis de 2007 (Estados Unidos vs Rusia) y de 2005 (Eslovaquia vs Croacia).
La lista de miembros completa de la 'Gold Badge' del tenis es la siguiente:
- Stefan Fransson (Jefe de los supervisores de Grand Slam y de la Oficina de supervisión de las reglas de la ITF)
- Wayne McKewen (Supervisor de la ITF/Grand Slam)
- Andi Egli (Supervisor de la ITF/Grand Slam)
- Y los siguientes jueces de silla:
- Louise Engzell (Suecia)
- Jake Garner (USA)
- Alison Lang (Gran Bretaña)
- Pascal Maria (Francia)
- Enric Molina (España)
- Carlos Ramos (Portugal)
Para él, en este sentido, Rafa Nadal, Fernando Verdasco o David Ferrer son más contrincantes que arbitrados, ya que un juez de silla español no debe ejercer en encuentros con jugadores de su misma nacionalidad, es una máxima común en muchos deportes y, aunque en tenis no hay ninguna norma que lo prohíba, sí se intenta evitar (con cuatro jueces de silla por torneo ATP, a veces se hace realmente complicado). Por culpa, por lo tanto, de la Armada Española, Enric Molina se ve muchas veces relegado a rondas previas, todo eso,claro está, debido al excelso tenis y al altísimo nivel de nuestros jugadores. No se queja, dice que en un partido con un español tendría bastante más a perder que a ganar, sobre todo por culpa del público o los periodistas (¡vaya hombre!) porque los tenistas ya lo conocen desde hace muchos años.
Enric Molina nació en Barcelona, en el año 1974. Era socio del Barcino y se inició en el mundo del arbitraje con 14 años como juez de línea en el Godó. Lo hizo amparado por el programa de desarrollo del arbitraje de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona '92. Poco a poco fue progresando, formándose desde los cursos más bajos del arbitraje hasta alcanzar el nivel más alto del mundo. Al principio, cuenta en el número de enero de 2008 de la revista Winners[Tennis, sólo se le exigía 'tener buena vista'. Ahora, para arbitrar finales de la Copa Davis o de Grand Slam, dice tener que saber el reglamento 'al dedillo' y dominar el inglés pero, sobre todo, contar con la experiencia y el sentido común suficientes como para aplicarlos en la pista sin crear un caos: hablar con propiedad y respeto a los jugadores, saber imponer autoridad y ser a la vez justo y comprensivo. En estos momentos, Enric Molina es el único español con el grado de Chapa de Oro en arbitraje (existen las categorías de chapa blanca, de bronce, de plata y de oro).
Enric Molina, un nombre desconocido para el común de los mortales, tiene la difícil papeleta de todos los árbitros y de todos los deporets: no dejarse intimidar por los nombres de personalidades como Sampras o Agassi, ni por una pista repleta de gente, sino llevar a cabo su labor con profesionalidad y respeto. ¿Las claves para ello? Las tiene claras: personalidad, capacidad de concentración, dotes de buen comunicador, psicología y, ante todo, muy buena vista (sí, habéis leído bien).
En el arbitraje, este catalán de 36 años encuentra la manera de seguir ligado a un deporte que tuvo que abandonar para no anteponerlo a los estudios (tiene la carrera de Publicidad). Una vez terminada la carrera, encontró esta vía para seguir el tenis profesional de primera primerísima mano, con el aliciente añadido de poder viajar por todo el mundo.
Las funciones de Molina como juez de plena dedicación desde hace casi 9 años de la ITF son las de cubrir las doce semanas de Grand Slam y Davis Cup, según los designios de los responsables de la ITF, que lo eligen atendiendo a su formación y experiencia. El resto del tiempo lo emplea en formar en los cursos de más alto nivel para los futuros árbitros internacionales. Así, ejerce de 'evaluador' durante los torneos menores del año, para decidir a final de la temporada los 'ascensos' y 'descensos' de los jueces. Tal vez por eso asegura intentar tener una relación cordial pero distante tanto con sus compañeros como, sobre todo, con los tenistas. 'Ser parte y juez es imposible', asegura. Sin embargo, si reconoce que es un alivio no tener ahora en el circuito a 'perlitas' como McEnroe o Nastase.
Para Enric Molina, los partidos más difíciles de arbitrar son, como es evidente, los de la Copa Davis. ¿Por qué? Pues por tener un público local, volcado con uno de los equipos, que quiere meter presión, ayudar a su selección... sin embargo, ese público 'futbolero' como el lo llama, ese ambiente y esa pasión también le motivan y hacen que los partidos sean especiales. Por otro lado, considera lo más importante llevar a cabo el trabajo con dignidad y respeto hacia los jueces de línea y los demás encargados de ese trabajo.
Después de toda esta gran trayectoria, cualquiera podría decir que guarda un especial recuerdo de las finales de Copa Davis o Grand Slam arbitradas, pero no es así. Su partido más especial, por así decirlo, no es sino la despedida de un grande: la de Andre Agassi en el US Open de 2006.
Para finalizar, un detalle que define a Enric Molina como juez de línea: aunque otros jueces se vieron amenazados por el 'Ojo de Halcón, porque podía dejarlos en evidencia, el lo vio como una oportunidad de mejorar el deporte del tenis y demostrar que, la mayoría de las veces, el juez de línea anda más acertado que desencaminado.
Enric Molina, un juez de línea que se encuentra entre los seis mejores del mundo y que, sin embargo, asegura que su mayor reto es mejorar. Su mayor sueño, en cambio, sería arbitrar la final de Wimbledon, algo que, de pequeño, quería hacer como jugador.
ANÉCDOTAS DE ENRIC MOLINA
En la final del Abierto de EE.UU. vivió una de las anécdotas más graciosas de su carrera. "Me avisaron de que Ivan Lendl iba a estar en el sorteo del saque al inicio. Yo no le conocía, porque nunca le había arbitrado. Stefan Francsson (juez árbitro del torneo) me dijo que tuviera cuidado porque Lendl acostumbraba siempre a liarla, con alguna de las suyas, pero no esperaba lo que pasó", dijo.
"Le di la mano y le entregué mi moneda suiza de cinco francos para que hiciera el sorteo, una moneda que tiene la cruz de Guillermo Tell en un lado y una cara en la otra, que me regaló Andreas Eagly (juez de silla), del año en el que nací, 1974. Al percatarse Lendl de que era suiza me dijo que le parecía un poco improcedente, teniendo en cuenta que Federer es suizo y jugaba la final, y fue y se lo contó a Agassi. Yo me quería morir", dijo Molina. "La verdad, me puso en un brete".
En otra ocasión, Andy Roddick le preguntó: "¿Por qué no consiguen jueces que sepan lo que están haciendo? ¿Qué es esto, un 0-800-alquile un juez?"
Además, dice que siempre recordará como en un país con fama de civilizado como es Suiza tuvo que salir escoltado por la policia tras arbitrar una eliminatoria que los suizos perdieron ante Holanda, aquejado de unos jueces de línea bastante malos, a los que tuvo que corregir en muchas ocasiones, en especial en un match-ball en contra de Suiza...
En relación con los jueces de línea, a veces les puede la presión, como el momento en el que Kafelnikov jugaba la Copa Kremlin después de ganar los Juegos Olímpicos de Sidney. "Ese tío allí era dios. Los jueces que tenían que arbitrarle estaban temblando y claro, no hacían más que equivocarse.
Su 'rifi-rafe' más importante lo tuvo con el austríaco Koubek: 'No fue un caso personal, sino de mala suerte. El jugador ya llevaba dos penalizaciones, primero la pérdida de un punto y después de un juego por abuso de raqueta y pelota. Entró el supervisor en la pista, empezaron a discutir y el jugador, muy cabreado, tiró la raqueta hacia su asiento con la mala suerte de que rebotó y le dio en la cara a un recogepelotas que estaba detrás". Enric Molina descalificó a Koubek y, afortunadamente, el austríaco se disculpó después con el recogepelotas.
sábado, 8 de enero de 2011
La eterna Conchita Martínez
Todos sus entrenadores la definían como potencial número 1 del mundo. Nunca llegó a serlo. Sin embargo, eso no le impidió marcar una época en el tenis aragonés, español y mundial, cuajando una carrera donde los éxitos son el denominador común y los fiascos sólo una coincidencia.

Conchita Martínez es una ex tenista nacida en Monzón (Huesca) el 16 de abril de 1972 que destacó por ser capaz de aguantar durante 9 años entre las 10 mejores del mundo, un hecho muy poco común en un deporte en tan constante evolución. Aguantó las acometidas de la generación de Navratilova, de la de Martina Hingis y, más recientemente, los primeros años del surgimiento de la generación rusa. Supo adaptarse en cada momento al estilo de juego. Supo hacer que su tenis fuera válido en tres momentos diferentes y aguantar a lo largo del tiempo en la élite. Algo que se puede decir de muy pocas. Por eso y por muchas cosas más, yo no dudo en considerar a Conchita Martínez una auténtica número uno. Y además, caramba, es aragonesa, y los aragoneses tenemos que empezar a valorar mucho más lo que tenemos en casa, que no es poco.
La montisonense tiene en su haber 33 títulos WTA, entre los que destaca, evidentemente, el torneo de Grand Slam de Wimbledon ganado a Martina Navratilova en el verano de 1994, en una épica final en la que se impuso pot 6-4 3-6 y 6-4. Además de estos éxitos, Conchita enganchó a los españoles en las finales de Australia en el 98 y de Roland Garros en el 2000, en las que no pudo imponerse a Hingis y Mary Pierce, respectivamente. Por si fuera poco, es la única tenista española que ha ganado 3 medallas olímpicas en tres Juegos diferentes: plata en Barcelona 92, bronce en Atlanta 96 y plata en Atenas 2004, todas ellas en la categoría de dobles junto con Vivi Ruano o Arantxa Sánchez Vicario, con la que formó una dupla para la historia, protagonizando la mejor época del tenis femenino español. Además, ayudó a ganar nada menos que 5 veces la Copa Federación para España.
Una carrera de una tenista excepcional que consiguió romper moldes. Una derecha demoledora, una actitud luchadora (no tanto como Arantxa, claro está) y una clase fuera de toda duda fueron sus señas de identidad. Es la tenista española con más títulos WTA de la historia, conseguidos a lo largo de nada menos que 18 años de recorrer el mundo jugando al tenis (desde febrero del 88 hasta abril del 2006), por lo que algunos la consideran la mejor tenista de la historia de nuestro país. Si fue mejor que Arantxa o no es cuestión de gustos y de subjetividad. Lo que no es opinable es que es una de las mejores (si no la mejor) deportista aragonesa de todos los tiempos. Tal vez por eso, poco después de retirarse se le otorgó la medalla al mérito deportivo "Ciudad de Zaragoza".
Siempre se le ha considerado como una jugadora con un genial drive y un carácter quebradizo. Bien pues yo no estoy de acuerdo con ello. Una mujer capaz de llegar a ser la segunda en el ránking WTA, mantenerse durante 9 años entre las 10 mejores del mundo, ser también muy buena doblista, ganar 5 Copas Federación, 3 medallas olímpicas, un Grand Slam y ser finalista de otros dos demuestra algo más que un carácter quebradizo: demuestra una constancia, una calidad y una mentalidad fuera de toda duda.
Mi opinión es que Conchita, como muchos otros aragoneses, ha sido infravalorada por sus paisanos, que la han calificado muchas veces de débil de carácter. Para mí, aquellos que dicen eso no pueden saber lo duro que es llegar a la élite de un deporte, y menos de un deporte como el tenis, individual y tan físico como mental. Por eso creo quiero desde este blog felicitar más que efusivamente a una tenista como la copa de un pino, que empezó en las pistas del Airon Club de Monzón y acabó por vencer en el All England Tennis Club. Que se mantuvo en la élite como casi ninguna tenista actual consigue hacer. A la carrera de Conchita, aunque no llegase al número uno del mundo sólo se le puede decir una cosa: chapeau.
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jueves, 23 de diciembre de 2010
¿Qué fue de Juanito?

9 de diciembre del año 2000. España empata a 1 contra Australia en la finalísima de la Copa Davis en el Palau Sant Jordi de Barcelona. En pista, formando el dobles australiano, el número 1 y el número 3 del mundo de la disciplina, Woodforde y Stolle. Entre el clamor del público saltan los españoles: Álex Corretja y ¿Joan Balcells? La mayoría de los que estaban viendo la televisión no sabía quién era. El les contesta ganando el partido y encarrilando la consecución de la primera Copa Davis de la historia del tenis español. Había estado a punto de retirarse, lastrado por las lesiones y una derecha que no acababa de funcionar. Sin embargo, su fuerza de voluntad, sus amigos, su servicio y, sobre todo, su entrenador, el gran Pato Álvarez, le empujaron a seguir hacia delante, a seguir trabajando, a darlo todo por el tenis. Y, poco después, tocaba el cielo con la punta de los dedos.
De Joan Balcells se puede decir que supo estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado. De hecho, llegó al equipo de la Davis casi de rebote. En 1999 estaba clasificado sobre el número 300 del mundo. En el Gran Prix de Mallorca superó la ronda previa y en primera ronda venció, ni más ni menos, a Carlos Moyá. Sin embargo, en segunda ronda perdió con el también español Julián Alonso, un grandísimo sacador. Precisamente con él estaba inscrito en el dobles. Un dobles con el que consiguieron llegar a semifinales del mismo torneo. Después de esa magnífica actuación, su compañero llamó a Manolo Santana, capitán del equipo español que tenía que jugarse la permanencia en el Grupo Mundial frente a Nueva Zelanda. Santana ni siquiera conocía a Joan Balcells, pero le convocó.En la Federación no conocían ni su nombre, y se equivocaron (Corretja le sigue llamando Balsi por ello). Acudió como quinto jugador, pero tras los entrenamientos Fernando Vicente reconoció que Juanito estaba más preparado que el para ganar el dobles. Y así fue. Después de eso, vinieron las rondas contra Italia y Estados Unidos, en las que el dobles resultó clave, con Corretja y Balcells como baluartes. A pesar de perder frente a Rusia en semifinales, ofrecieron una actuación espectacular en la final, llevados en volandas por la afición, y se impusieron al número 1 y 3 mundiales de la disciplina. El nombre de Joan Balcells entró en la Historia.
A partir de entonces fue conocido como el tenista de las enormes patillas. Unas patillas que llevaba en recuerdo del bandolero catalán Serrallonga ("Son como las del bandolero catalán Serrallonga pero acabó en la picota y espero no seguir su misma trayectoria profesional.....")Pero, ¿qué ha sido de él?
Joan Balcells (Barcelona, 20 de junio de 1975) se retiró del tenis en 2004, cuando el 'efecto Davis' ya hacía tiempo que había pasado. Las lesiones y la falta de confianza en su golpe de derecha lastraron los años finales de una carrera de 8 años marcada por un gran momento: la consecución de la Copa Davis del año 2000. Al margen de esto, sus números son los de un tenista bueno, pero nada fuera de lo normal. Un solo título: Bucarest, dos meses antes de hacerse con la Copa Davis y la final de Scottsdale que perdió ante Andre Agassi en 2002 (6-2 y 7-6(2)). A lo largo de su carrera ganó 815.000 dólares, alcanzó el puesto 57 en el ranking ATP de individuales y el 65 en dobles. Además, como anécdota, cabe destacar que fue el primer español en lograr derrotar a un jovencísimo (17 años) Roger Federer, en 1999 por 7-6 y 6-3, aunque en un torneo challenger.
En la actualidad forma parte del equipo de profesores de la prestigiosa academia barcelonesa Sánchez Vicario-Casal.
Asegura no arrepentirse de nada en su carrera. Es feliz entrenando promesas que pudieran ser futuras estrellas, no echa de menos el tenis ni el ajetreo de los circuitos y su tiempo es absorbido por su hija Claudia. En definitiva, lleva una vida de lo más sencilla, como cualquier persona. Los egos no se le han subido a la cabeza ni vive de un pasado con un momento glorioso. Pero la cuestión es que lo tiene. Que hubo un día, un partido, un instante en el que toda España gritó, jaleó y animó utilizando el nombre de Juanito, aquel tenista de enormes patillas. Aquel tenista que nos permitió alzar la primera ensaladera de nuestro tenis.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Se nos va un grande, el primer grande

Finalista del Australian Open. El primero desde Gimeno (1969). Ganador de Roland Garros, frente a su amigo Álex Corretja, que después le ganaría en la mítica final del ATP World Championship. Pero, más que nada y sobre todo lo demás, número uno del mundo. Mejor tenista de los miles de millones de personas que practican este santo deporte. El primer español (de la era open). Abrió el camino. Fue el mejor. Fueron sólo dos semanas. ¿Y qué? Él llegó. Llegó donde ningún español había llegado. Llegó donde todos los que empezamos a jugar a esto de las raquetas queremos llegar. Los demás no. Sólo los elegidos. Y él lo es. Carlos Moyá Llompart, no voy a contar tu vida, ni quiénes fueron tus padres, ni cuándo aprendiste a jugar al tenis. Porque, básicamente, lo van a decir todos por todos los lados. Yo sólo quiero decir una cosa.
Gracias.
Gracias por inspirar a los jóvenes tenistas españoles (como yo). Gracias por tu tenis. Por tu derecha invertida liftada e imparable. Por descubrirnos a muchos que aquello del tenis también servía para los españoles. Que se podía jugar y ganar. Por ser la punta de lanza de aquella generación brutal de Berasategui, Costa, Mantilla o Corretja. Porque a los que nacimos a finales de los 80 o principios de los 90 casi no nos querían sonar Bruguera o Emilio Sánchez Vicario, y Arantxa y Conchita nos quedaban todavía muy tempranos. Fuiste tú, ganando Roland Garros a Corretja, y después perdiendo con él en el ATP World Championship de Hannover, quien nos descubriste el tenis. Nos decían los mayores que eso de jugar dos españoles la final de Roland Garros era algo increíble y no acabábamos de entenderlo, y quizá ahora con Ferrer, Verdasco o Nadal (y antes con Ferrero&co) no lo entendamos tampoco. Lo que si es cierto es que impulsaste a mucha gente a aficionarse a este deporte. Entre ellos a mí. Y aquí estoy, que no he llegado a alcanzar ni la millonésima parte del tenis que atesoras en tus venas. Y amando este deporte. Por ello, gracias.
viernes, 12 de noviembre de 2010
La visión de Rafa, por un niño de 13 años
Os 'copypasteo' un ejercicio llevado a cabo durante el curso de Título en Experto de Periodismo Deportivo que estoy cursando actualmente. Es una visión personal de Rafa Nadal. Espero que os guste:
Corre el año 2002. España juega entre el 8 y el 10 de febrero frente a Marruecos la primera ronda de la Copa Davis. El Príncipe Felipe de Zaragoza se transforma por unos días en una pista de tierra batida. El equipo español está formado, entre otros, por Álex Corretja, Albert Costa, Juan Carlos Ferrero y Joan Balcells, ese fornido doblista de enormes patillas.
Algunos afortunados jóvenes jugadores tenemos la oportunidad de asistir a un clínic con Álex Corretja, lo que, además, nos permitirá conocer in situ el buen ambiente de la selección española. Entre sus componentes, un chaval de 16 añitos, enorme brazo izquierdo y poderosa consistencia mental. Enarbola la enseña nacional, es el abanderado del equipo. Mi entrenador me da un codazo y me dice “mira, ése va a ser el mejor del mundo dentro de tres años”. No digo nada, esos pronósticos se dan cada día gratuitamente, sin embargo la generosa confianza en mi entrenador deriva en que retenga su nombre: Rafael Nadal. Llego a casa y busco su nombre por Internet. No encuentro casi nada, pero me sorprende una corta entrevista en la que el de Manacor asegura que él lo que quiere es “ganar Wimbledon”. “¿Wimbledon? ¿Un español? Ya veremos” pensé. Y vaya que sí lo vimos. Porque el resto, para nuestro deleite, es historia.
Cientos de analistas en todo el mundo han querido dar con la razón del éxito de Rafa. No es ni el mejor sacador, ni posee la mejor derecha, ni el mejor revés, ni la mejor volea… pero es el mejor. ¿Por qué? Yo tengo una teoría más que añadir al montón. Se me ocurrió al ver la intensidad de la mirada de Nadal en un partido. Rafa Nadal ama al tenis. Y el tenis, un amante tan exigente y tan difícil, le corresponde. Ama el olor que dejan las bolas en las manos tras los entrenamientos. Ama las zapatillas desgastadas. El ruido con el que protestan las cuerdas cuando se rompen. La queja que emiten cuando golpeas la bola sin antivibrador. El reconfortante acorde del bote de la bola cuando compones un passing. Ama por igual morder el trofeo recién conquistado que curarse las ampollas de los dedos tras un exigente partido. Encordar la raqueta a la tensión precisa y levantarse cada mañana temprano para golpear una derecha, y otra, y otra, y otra, y otra… sin desmayo. Porque, en él eso no es un medio para un fin, sino el fin en sí mismo, la realización de su sueño. Porque Rafael Nadal ama al tenis y lo respira por los cuatro costados. Y el tenis, sin duda alguna, le corresponde.
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sábado, 23 de enero de 2010
The King of Swing

Pistol Pete, como lo conocen algunos, el Rey del Swing para otros no es otro que Petros "Pete" Sampras, considerado por muchos como el mejor tenista de la historia. Su aval, una carrera plagada de títulos y la friolera de 286 semanas (102 consecutivas) al frente de la ATP. ¡Ah sí, y la mayor perfección técnica tenística alcanzada por el hombre!
De origen griego, siempre fue un atleta y un autodidacta, que aprendió a jugar al tenis en un frontón (como hiciera la aragonesa Conchita Martínez, a la que pienso dedicar una entrada, en su Monzón natal). Nació en Washington pero fue en California donde, merced al mejor clima, se dejó imbuir por la magia del tenis en el Peninsula Racquet Club.
La primera vez que el común de los mortales pudimos disfrutar de su pulcro servicio, sus inmaculadas voleas y su garra 'marca de la casa' fue en 1988, pero tardaría dos años en ganar su primer torneo, Filadelfia, ante todo un ganador de Roland Garros como Andrés Gómez (de hecho, lo ganó ese mismo año). La eclosión total de Pete Sampras tuvo lugar, cómo no, en un Grand Slam. Concretamente en el US Open de ese mismo año, competición en la que derrotó al carismático McEnroe, a Ivan Lendl y Andre Agassi, cuando aún tenía pelo, y con el que mantuvo una rivalidad que permitió remontar el vuelo a la popularidad del tenis en los años posteriores. Ganó ese torneo 4 veces más y avanzar por los 90 es sinónimo de ver su nombre junto a la etiqueta de campeón más que el de cualquier otro. Hasta 14 veces en Grand Slam, sólo superado en 2009 por la máquina de precisión suiza, Roger Federer. Y acudía (no como muchos grandes tenistas actuales) puntual a su cita con la selección para jugar la Davis, que de hecho ganó. Open de Australia, Open de Estados Unidos, Wimbledon, un sinfín (66) de torneos ganados... sólo se le resistió uno: la arcilla de la Philippe Chatrier, en París. En abril de 1993 agarró con fuerza el número uno mundial. Lo agarró con tanta fuerza que no quiso soltarlo en toda la temporada y permaneció un total de 286 semanas en él. Ganó 7 Wimbledons, algunos de ellos a bestias pardas como Ivanisevic y otros a leyendas como Jim Courier o Boris Becker. Algunos lo veían ya como un matagigantes, que no mostraba respeto por nada ni por nadie, devoraba antiguas figuras del tenis a una velocidad endiablada. Lo que no tenían en cuenta es que él iba a ser la figura superlativa. Protagonizó puntos, juegos, partidos y campeonatos épicos, como el de la tercera final que jugó de Copa Davis, contra Rusia y en una pista extraordinariamente lenta. Tras vencer en el quinto set a Chesnokov se derrumbó en el suelo sufriendo dolorosos calambres y ya no pudo levantarse sin ayuda. Pero ganó. Porque si algo podemos decir con certeza de este introvertido estadounidense es que era un ganador nato, a los hechos me remito. Seis años en el número 1 a final de temporada, por los cinco de Jimmy Connors.
La suya fue una vida plagada de éxitos que empezaron a decaer en 1999, si se puede llamar decaer a ganar 'sólo' Wimbledon, el Masters y otros tres torneos, debido a sus problemas físicos, que le relegaron a la tercera posición del ránking mundial. No obstante, siguió dando guerra a diestras y a siniestras, y volvió a ganar en la hierba londinense. Tras conseguir, en 2002, convertirse en el jugador que más Grand Slams había obtenido en la historia, por encima de Rod Laver o Roy Emerson, tomó la decisión de retirarse, lo que ocurrió a finales de 2003. Sólo dos años después, Tennis Magazine ya lo había elegido como el mejor jugador de la historia del tenis, y es de la opinión de muchos (como Federer) que podría haber seguido varios años más en el Top 5. Sin embargo, se retiró como sólo los genios saben hacerlo: en la cumbre. Así no dejó para el recuerdo una degradación ni tenística ni personal (por mucho que los medios se empeñasen en la época, ya sabemos cómo somos los periodistas), sino sus potentes passing shots con la derecha que le granjeó el título de Pistol Pete. Un estilo que parecía anquilosado en el pasado, como un remember de jugadores clásicos a lo Jimmy Connors, pero que evidentemente Sampras supo adaptar a los tiempos que corrían. Muchos dicen que fuese tal vez esa la causa de que nunca triunfase en Roland Garros, que jugaba muy chapado a la antigua, sin potenciar su liftado. Tonterías. Si tenemos que buscar la seña de identidad de Pete Sampras sería, a mi entender, el toque. El toque en el sentido de clase, de creatividad, de sutileza y perfección pero siempre aunados a la agresividad y a la garra que le imprimía al juego y al carácter. Mención aparte merece su servicio: potente, variado, colocado, técnicamente perfecto... letal. Igual que su revés, del estilo de Ivan Lendl y con una pulcritud en el swing fuera del alcance del 99,9% de los terráqueos. Estas características, unidas a su capacidad para subir a la red y definir con remates que levantaban al público y voleas imposibles, le hacían prácticamente invencible en pistas rápidas, aunque perdía su efectividad en el saque y en su potencia conforme la pista se enlentecía, ya que no era un jugador de top spin, digamos, del estilo de Nadal con golpes sobreliftados, y se veía abocado a defenderse con su revés, a pesar de lo cual obtuvo notables resultados en tierra y su juego es considerado como uno de los más completos de la historia del tenis, sin fisuras, sin fallas por las que 'meterle mano'. Podía jugar desde el fondo, con saque-volea, con subidas esporádicas: su abanico de posibilidades y recursos era tan amplio bajo presión como sin ella. Fue un jugador completo que se fue completando aún más con los años y la experiencia y salió airoso de una de las ternas con jugadores más brillantes de la historia del tenis.
Tal vez la causa, la excusa para retirarse fue la anemia que sufre, pero de lo que estamos seguros es que ese día el tenis perdió a una de las estrellas más brillantes de su constelación: al único jugador en terminar 1º del ranking durante 6 años consecutivos, al que más semanas no consecutivas (286) estuvo al frente de la ATP, a uno de los 4 jugadores en estar más de diez años entre los deiz primeros (12 en total). Apareció en al menos una final de Grand Slam por temporada durante 11 años seguidos, ganador de 5 Masters Cup, jugador más joven en ganar el US Open (con sólo 19 añitos), un porcentaje de victoria del 77% y 14 Grand Slams. Señoras y señores, Pete Sampras, simply the best.

De origen griego, siempre fue un atleta y un autodidacta, que aprendió a jugar al tenis en un frontón (como hiciera la aragonesa Conchita Martínez, a la que pienso dedicar una entrada, en su Monzón natal). Nació en Washington pero fue en California donde, merced al mejor clima, se dejó imbuir por la magia del tenis en el Peninsula Racquet Club.
La primera vez que el común de los mortales pudimos disfrutar de su pulcro servicio, sus inmaculadas voleas y su garra 'marca de la casa' fue en 1988, pero tardaría dos años en ganar su primer torneo, Filadelfia, ante todo un ganador de Roland Garros como Andrés Gómez (de hecho, lo ganó ese mismo año). La eclosión total de Pete Sampras tuvo lugar, cómo no, en un Grand Slam. Concretamente en el US Open de ese mismo año, competición en la que derrotó al carismático McEnroe, a Ivan Lendl y Andre Agassi, cuando aún tenía pelo, y con el que mantuvo una rivalidad que permitió remontar el vuelo a la popularidad del tenis en los años posteriores. Ganó ese torneo 4 veces más y avanzar por los 90 es sinónimo de ver su nombre junto a la etiqueta de campeón más que el de cualquier otro. Hasta 14 veces en Grand Slam, sólo superado en 2009 por la máquina de precisión suiza, Roger Federer. Y acudía (no como muchos grandes tenistas actuales) puntual a su cita con la selección para jugar la Davis, que de hecho ganó. Open de Australia, Open de Estados Unidos, Wimbledon, un sinfín (66) de torneos ganados... sólo se le resistió uno: la arcilla de la Philippe Chatrier, en París. En abril de 1993 agarró con fuerza el número uno mundial. Lo agarró con tanta fuerza que no quiso soltarlo en toda la temporada y permaneció un total de 286 semanas en él. Ganó 7 Wimbledons, algunos de ellos a bestias pardas como Ivanisevic y otros a leyendas como Jim Courier o Boris Becker. Algunos lo veían ya como un matagigantes, que no mostraba respeto por nada ni por nadie, devoraba antiguas figuras del tenis a una velocidad endiablada. Lo que no tenían en cuenta es que él iba a ser la figura superlativa. Protagonizó puntos, juegos, partidos y campeonatos épicos, como el de la tercera final que jugó de Copa Davis, contra Rusia y en una pista extraordinariamente lenta. Tras vencer en el quinto set a Chesnokov se derrumbó en el suelo sufriendo dolorosos calambres y ya no pudo levantarse sin ayuda. Pero ganó. Porque si algo podemos decir con certeza de este introvertido estadounidense es que era un ganador nato, a los hechos me remito. Seis años en el número 1 a final de temporada, por los cinco de Jimmy Connors.
La suya fue una vida plagada de éxitos que empezaron a decaer en 1999, si se puede llamar decaer a ganar 'sólo' Wimbledon, el Masters y otros tres torneos, debido a sus problemas físicos, que le relegaron a la tercera posición del ránking mundial. No obstante, siguió dando guerra a diestras y a siniestras, y volvió a ganar en la hierba londinense. Tras conseguir, en 2002, convertirse en el jugador que más Grand Slams había obtenido en la historia, por encima de Rod Laver o Roy Emerson, tomó la decisión de retirarse, lo que ocurrió a finales de 2003. Sólo dos años después, Tennis Magazine ya lo había elegido como el mejor jugador de la historia del tenis, y es de la opinión de muchos (como Federer) que podría haber seguido varios años más en el Top 5. Sin embargo, se retiró como sólo los genios saben hacerlo: en la cumbre. Así no dejó para el recuerdo una degradación ni tenística ni personal (por mucho que los medios se empeñasen en la época, ya sabemos cómo somos los periodistas), sino sus potentes passing shots con la derecha que le granjeó el título de Pistol Pete. Un estilo que parecía anquilosado en el pasado, como un remember de jugadores clásicos a lo Jimmy Connors, pero que evidentemente Sampras supo adaptar a los tiempos que corrían. Muchos dicen que fuese tal vez esa la causa de que nunca triunfase en Roland Garros, que jugaba muy chapado a la antigua, sin potenciar su liftado. Tonterías. Si tenemos que buscar la seña de identidad de Pete Sampras sería, a mi entender, el toque. El toque en el sentido de clase, de creatividad, de sutileza y perfección pero siempre aunados a la agresividad y a la garra que le imprimía al juego y al carácter. Mención aparte merece su servicio: potente, variado, colocado, técnicamente perfecto... letal. Igual que su revés, del estilo de Ivan Lendl y con una pulcritud en el swing fuera del alcance del 99,9% de los terráqueos. Estas características, unidas a su capacidad para subir a la red y definir con remates que levantaban al público y voleas imposibles, le hacían prácticamente invencible en pistas rápidas, aunque perdía su efectividad en el saque y en su potencia conforme la pista se enlentecía, ya que no era un jugador de top spin, digamos, del estilo de Nadal con golpes sobreliftados, y se veía abocado a defenderse con su revés, a pesar de lo cual obtuvo notables resultados en tierra y su juego es considerado como uno de los más completos de la historia del tenis, sin fisuras, sin fallas por las que 'meterle mano'. Podía jugar desde el fondo, con saque-volea, con subidas esporádicas: su abanico de posibilidades y recursos era tan amplio bajo presión como sin ella. Fue un jugador completo que se fue completando aún más con los años y la experiencia y salió airoso de una de las ternas con jugadores más brillantes de la historia del tenis.
Tal vez la causa, la excusa para retirarse fue la anemia que sufre, pero de lo que estamos seguros es que ese día el tenis perdió a una de las estrellas más brillantes de su constelación: al único jugador en terminar 1º del ranking durante 6 años consecutivos, al que más semanas no consecutivas (286) estuvo al frente de la ATP, a uno de los 4 jugadores en estar más de diez años entre los deiz primeros (12 en total). Apareció en al menos una final de Grand Slam por temporada durante 11 años seguidos, ganador de 5 Masters Cup, jugador más joven en ganar el US Open (con sólo 19 añitos), un porcentaje de victoria del 77% y 14 Grand Slams. Señoras y señores, Pete Sampras, simply the best.

jueves, 17 de diciembre de 2009
Rod Laver, el líder de la escuela australiana
Nunca llegó a ser número uno del mundo. Sin embargo, muchos lo consideran el mejor jugador de todos los tiempos. Típico ejemplo de la escuela australiana, con su técnica depurada, un gran saque y una buena subida a la red, este zurdo fue el primero en ganar los cuatro grandes en una sola temporada dos veces seguidas.


Rodney George Laver, mundialmente conocido como Rod Laver, es un ex tenista nacido el 9 de agosto de 1938 en Rockhampton, Queensland, Australia. Se le considera universalmente como el mejor jugador de todos los tiempos aunque jamás fue número uno del mundo. Sin embargo, consiguió ganar el Grand Slam por dos veces, algo que nadie más ha conseguido. Lo hizo en los años 1962 y 1969, y se mantuvo la friolera de 23 años jugando profesionalmente a tenis. No fue el primero en lograr este hito (lo fue Don Budge en 1938), pero eso no resta mérito a sus logros. Un año después de conseguir ganar el Grand Slam por primera vez, en 1963, Rod Laver dejó el circuito amateur y se hizo profesional. Rápidamente se estableció entre los jugadores más importantes dentro del circuito profesional. Sus duelos contra Pancho Gonzales y Ken Rosewsall deleitaban al público. En 7 años ganó 5 veces el US Pro Championships, incluidas 4 de manera consecutiva entre 1966 y 1969. A pesar de ello, nunca consiguió alcanzar el número 1.
Con el surgimiento de la Era Open, tanto amateurs como profesionales se mezclaron en un circuito único. Laver se convirtió entonces en leyenda por ser el primer jugador profesional en conquistar el título de Wimbledon en 1968 al derrotar en la final a su compatriota Tony Eoche.
Sin embargo, el mayor logro de Laver es haber conseguido el Grand Slam nuevamente en 1969, siendo la única persona en hacerlo dos veces, y la primera de la era Open. Ese año venció a Andrés Gimeno en Australia, a Ken Rosewall en Francia, a John Newcombe en Londres y aT ony Roche en Estados Unidos. Además, ganó 17 de los 32 torneos en los que participó con un récord de 106 victorias frente a 16 derrotas. Su conquista en Wimbledon ante Newcombe fue su cuarto título en el All England tras ganar como amateur en 1961 y 1962 y como profesional en 1968. Su récord de 31 victorias consecutivas fue eclipsado luego por el sueco Björn Borg entre 1976 y 1981. Además, hasta 1978 fue el jugador mejor pagado del mundo.
Mención aparte merece el equipo de Copa Davis que conformó junto a Roy Emerson y Neale Fraser, con los que consiguió 4 títulos consecutivos. Posee varios records al respecto y es el máximo responsable de que Australia sea el segundo país, por detras de Estados Unidos, que más ensaladeras tiene (28).
Debido a la inexistencia de un ránking formal provisto por la Asociación de Tenistas Profesionales hasta 1973, es difícil de medir el alcance real de la carrera de Laver. Las estadísticas de los libros acerca de los torneos antes de la Era Open son muy incompletas. Además existe el problema de la división que existió durante la época en la que coexistieron los torneos amateurs y profesionales. Laver fue considerado por la prensa como Nº1 del mundo en los años 1961 y 1962 como amateur, y en 1968 y 1969 ya en la Era Open. Entre estos dos períodos, fue el mejor jugador profesional entre 1964-1967. El único parámetro real de esa época era el dinero ganado en los torneos, clasificación que Laver lideró desde 1964 hasta 1971 inclusive. Hay diferentes fuentes sobre sus títulos individuales. La ATP le acredita oficialmente con 39 títulos en la era Open, pero estos son solo torneos aprobados por la ATP. Otros le dan 47 títulos. Pero la cuenta total es mucho mayor. El libro "Total Tennis" (2003) le da a Laver un total de 184 títulos individuales. En la lista que se muestra a continuación se detallan 163 títulos entre 1960 y 1975. En el momento de su retirada en 1975, Laver se encontraba entre los top ten del ránking. A pesar de que sus mejores tiempos ya habían pasado, una vez que la clasificación de la ATP se inició en 1973, Laver se las manejó para alcanzar un respetable Nº3 del ránking como su mejor posición.
Sus 11 títulos de Grand Slam, lo sitúan cuarto en la lista todos los tiempos, por detrás de Roger Federer, Pete Sampras y Roy Emerson. Además, hay que tener en cuenta que Laver no pudo participar en los torneos de Grand Slam entre 1963 y 1967 por su condición de profesional. En dobles ganó además otros 8 títulos. Fue apodado por la prensa como "El cohete de Rockhampton".
Si bien hay muchos jugadores que pelean por el 'título' de mejor jugador de la historia, casi nadie se atrevería a dejar a Laver fuera de los 6 o 7 mejores de la lista de todos los tiempos. El ex-campeón, y también candidato a mejor de la historia, Jack Kramer pone a Laver solo en "el segundo escalón" de grandes jugadores, por debajo de los 6 mejores. Escribe que a pesar de que fue "absolutamente invencible" por uno o dos años al final de los 60, una "cuidadosa comparación" podría hacerse entre Laver y Pancho Gonzales, un poco más veterano éste. Dice que es "positivo que Gonzales pudo haberle ganado a Laver regularmente. Lew Hoad manejó a Laver antes de lesionarse y Rosewall lo derrotó en esas dos finales del World Champions Tour — y esos eran títulos que Laver realmente deseaba". En un famoso encuentro de 1970 donde el ganador se llevaba los $10.000 dólares en juego en el Madison Square Garden ante 15.000 personas, Gonzáles, que contaba entonces con 41 años, venció a Laver, en aquellos momentos Nº3 del mundo. Los expertos citan como evidencia los 184 títulos. Ostenta el récord de más títulos ganados en un año tanto como amateur (21 en 1962), como profesional (18 en 1967) y como profesional en la Era Open (17 en 1969, aunque la ATP registra oficialmente solo 5 de esos títulos).En 1981, Rod Laver fue admitido en el Salón Internacional de la Fama del Tenis. En suAustralia natal, el estadio central del Melbourne Park se llama "Rod Laver Arena" en su honor, y allí se juega el Abierto de Australia. Además, su rostro aparece como homenaje en algunos sellos australianos.
Al margen de esta extraordinaria racha de torneos ganados y de títulos, Rod Laver es considerado por todos como el máximo exponente de una gran escuela tenística: la australiana.
A pesar de no ser muy alto (medía 1,75), desarrolló uno de los mejores servicios de todos los tiempos, basado en el balanceo. Ocultaba muy bien la dirección de la pelota. Por otra parte, jugaba muy plano desde el fondo de la bola, apoyándose en su gran fuerza de brazos y su potencia. No obstante, su técnica era depuradísima, lo que le permitía hacer puntos ganadores incluso cuando se encontraba en carrera, algo inédito en los años 60. Finalizaba la gran mayoría de sus puntos, sin embargo, en la red. La suya es una de las mejores voleas de la historia del tenis, tanto de derecha como de revés, gracias en gran parte a sus impresionantes golpes de aproximación. Esta variedad y sublime técnica en su juego es lo que le permitió poder jugar tan bien en todas las superficies. De su escuela han nacido tenistas actualmente de la talla de Patrick Rafter o Marc Philipoussis, por citar algunos de la época casi actual.
Su única losa, no haber competido siempre de manera profesional, punto en el que se amparan los que no lo consideran como el mejor jugador de la historia. Sí lo es o no, nosotros lo dejaremos a elección del consumidor.

Con el surgimiento de la Era Open, tanto amateurs como profesionales se mezclaron en un circuito único. Laver se convirtió entonces en leyenda por ser el primer jugador profesional en conquistar el título de Wimbledon en 1968 al derrotar en la final a su compatriota Tony Eoche.
Sin embargo, el mayor logro de Laver es haber conseguido el Grand Slam nuevamente en 1969, siendo la única persona en hacerlo dos veces, y la primera de la era Open. Ese año venció a Andrés Gimeno en Australia, a Ken Rosewall en Francia, a John Newcombe en Londres y aT ony Roche en Estados Unidos. Además, ganó 17 de los 32 torneos en los que participó con un récord de 106 victorias frente a 16 derrotas. Su conquista en Wimbledon ante Newcombe fue su cuarto título en el All England tras ganar como amateur en 1961 y 1962 y como profesional en 1968. Su récord de 31 victorias consecutivas fue eclipsado luego por el sueco Björn Borg entre 1976 y 1981. Además, hasta 1978 fue el jugador mejor pagado del mundo.
Mención aparte merece el equipo de Copa Davis que conformó junto a Roy Emerson y Neale Fraser, con los que consiguió 4 títulos consecutivos. Posee varios records al respecto y es el máximo responsable de que Australia sea el segundo país, por detras de Estados Unidos, que más ensaladeras tiene (28).
Debido a la inexistencia de un ránking formal provisto por la Asociación de Tenistas Profesionales hasta 1973, es difícil de medir el alcance real de la carrera de Laver. Las estadísticas de los libros acerca de los torneos antes de la Era Open son muy incompletas. Además existe el problema de la división que existió durante la época en la que coexistieron los torneos amateurs y profesionales. Laver fue considerado por la prensa como Nº1 del mundo en los años 1961 y 1962 como amateur, y en 1968 y 1969 ya en la Era Open. Entre estos dos períodos, fue el mejor jugador profesional entre 1964-1967. El único parámetro real de esa época era el dinero ganado en los torneos, clasificación que Laver lideró desde 1964 hasta 1971 inclusive. Hay diferentes fuentes sobre sus títulos individuales. La ATP le acredita oficialmente con 39 títulos en la era Open, pero estos son solo torneos aprobados por la ATP. Otros le dan 47 títulos. Pero la cuenta total es mucho mayor. El libro "Total Tennis" (2003) le da a Laver un total de 184 títulos individuales. En la lista que se muestra a continuación se detallan 163 títulos entre 1960 y 1975. En el momento de su retirada en 1975, Laver se encontraba entre los top ten del ránking. A pesar de que sus mejores tiempos ya habían pasado, una vez que la clasificación de la ATP se inició en 1973, Laver se las manejó para alcanzar un respetable Nº3 del ránking como su mejor posición.
Sus 11 títulos de Grand Slam, lo sitúan cuarto en la lista todos los tiempos, por detrás de Roger Federer, Pete Sampras y Roy Emerson. Además, hay que tener en cuenta que Laver no pudo participar en los torneos de Grand Slam entre 1963 y 1967 por su condición de profesional. En dobles ganó además otros 8 títulos. Fue apodado por la prensa como "El cohete de Rockhampton".
Si bien hay muchos jugadores que pelean por el 'título' de mejor jugador de la historia, casi nadie se atrevería a dejar a Laver fuera de los 6 o 7 mejores de la lista de todos los tiempos. El ex-campeón, y también candidato a mejor de la historia, Jack Kramer pone a Laver solo en "el segundo escalón" de grandes jugadores, por debajo de los 6 mejores. Escribe que a pesar de que fue "absolutamente invencible" por uno o dos años al final de los 60, una "cuidadosa comparación" podría hacerse entre Laver y Pancho Gonzales, un poco más veterano éste. Dice que es "positivo que Gonzales pudo haberle ganado a Laver regularmente. Lew Hoad manejó a Laver antes de lesionarse y Rosewall lo derrotó en esas dos finales del World Champions Tour — y esos eran títulos que Laver realmente deseaba". En un famoso encuentro de 1970 donde el ganador se llevaba los $10.000 dólares en juego en el Madison Square Garden ante 15.000 personas, Gonzáles, que contaba entonces con 41 años, venció a Laver, en aquellos momentos Nº3 del mundo. Los expertos citan como evidencia los 184 títulos. Ostenta el récord de más títulos ganados en un año tanto como amateur (21 en 1962), como profesional (18 en 1967) y como profesional en la Era Open (17 en 1969, aunque la ATP registra oficialmente solo 5 de esos títulos).En 1981, Rod Laver fue admitido en el Salón Internacional de la Fama del Tenis. En suAustralia natal, el estadio central del Melbourne Park se llama "Rod Laver Arena" en su honor, y allí se juega el Abierto de Australia. Además, su rostro aparece como homenaje en algunos sellos australianos.
Al margen de esta extraordinaria racha de torneos ganados y de títulos, Rod Laver es considerado por todos como el máximo exponente de una gran escuela tenística: la australiana.
A pesar de no ser muy alto (medía 1,75), desarrolló uno de los mejores servicios de todos los tiempos, basado en el balanceo. Ocultaba muy bien la dirección de la pelota. Por otra parte, jugaba muy plano desde el fondo de la bola, apoyándose en su gran fuerza de brazos y su potencia. No obstante, su técnica era depuradísima, lo que le permitía hacer puntos ganadores incluso cuando se encontraba en carrera, algo inédito en los años 60. Finalizaba la gran mayoría de sus puntos, sin embargo, en la red. La suya es una de las mejores voleas de la historia del tenis, tanto de derecha como de revés, gracias en gran parte a sus impresionantes golpes de aproximación. Esta variedad y sublime técnica en su juego es lo que le permitió poder jugar tan bien en todas las superficies. De su escuela han nacido tenistas actualmente de la talla de Patrick Rafter o Marc Philipoussis, por citar algunos de la época casi actual.
Su única losa, no haber competido siempre de manera profesional, punto en el que se amparan los que no lo consideran como el mejor jugador de la historia. Sí lo es o no, nosotros lo dejaremos a elección del consumidor.

martes, 10 de noviembre de 2009
John McEnroe: Genio y figura.

Analizamos la carrera de 'Big Mac', uno de los mejores jugadores de todos los tiempos y, seguro, el más controvertido. Un neoyorquino nacido en Alemania, zurdo, que cuenta en su haber con 8 Grand Slam, aunque quizá eso sea lo de menos en su carrera.
John Patrick McEnroe nació un 16 de febrero de 1959 en Wiesbaden, Alemania. Número uno del mundo en la clasificación ATP, es el jugador que más partidos ha disputado con el equipo norteamericano de Copa Davis. Terminó su carrera con nada menos que con 77 títulos individuales y 70 en dobles, entre ellos 8 Grand Slam individuales y 9 en dobles. Pero es más recordado por su antagonía con numerosos jugadores, como el también mítico Björn Borg, Jimmy Connors o Ivan Lendl, con los que protagonizó multitud de 'batallas'. Otra nota destacada en su currículum es su fuerte carácter, que le causó no pocos problemas con jueces de silla y árbitros, de las que nació su famosísima frase 'You cannot be serious...¡it's on the line!'
Ya con 18 años anunció que iba en serio al clasificarse para las semifinales de Wimbledon con un estilo que rompía moldes y una técnica fuera de lo normal. Un año después, en 1978, abandonó la NCAA y se unió a la ATP, donde no tardó ni un año en hacerse con su primer título, en Hartford. Ese mismo año conquistaría otros 4 títulos y llegó a las 'semis' del US Open, perdiendo de nuevo ante el primero de sus 'enemigos mortales', Jimmy Connors. Clasificado para el Masters, al año siguiente ganó su primer torneo de Grand Slam, el US Open, convirtiéndose en el jugador más joven en imponerse en el torneo neoyorquino (luego sería superado por Pete Sampras). Ese año conquistó nada menos que 10 títulos de individuales y 17 de dobles, sumando 27 en total, un récord no superado hasta el día de hoy. El juego de McEnroe combinaba golpes magistrales, aunque no muy potentes, con una volea maestra, considerada una de las mejores de la historia, y un rápido juego de ataque. En 1980 ya era número uno del mundo, manteniéndose durante 4 semanas en él. Ese mismo año disputó el considerado uno de los mejores partidos de la historia de Wimbledon, junto con el Nadal - Federer del pasado año: su final y primera 'batalla' con Borg, en la que fue recibido con pitos por su polémica semifinal, en la que insultó a jueces y público, con Jimmy Connors.Los medios de comunicación lo bautizaron como “El partido del siglo”. El partido comenzó a favor de McEnroe quien se llevó el primer set por 6-1, a lo que Borg respondió llevándose los dos siguientes. El cuarto set fue de alto nivel y se llegó al tie-break final, en lo que podría haber sido la primer final de Wimbledon en definirse en un tie-break.
John Patrick McEnroe nació un 16 de febrero de 1959 en Wiesbaden, Alemania. Número uno del mundo en la clasificación ATP, es el jugador que más partidos ha disputado con el equipo norteamericano de Copa Davis. Terminó su carrera con nada menos que con 77 títulos individuales y 70 en dobles, entre ellos 8 Grand Slam individuales y 9 en dobles. Pero es más recordado por su antagonía con numerosos jugadores, como el también mítico Björn Borg, Jimmy Connors o Ivan Lendl, con los que protagonizó multitud de 'batallas'. Otra nota destacada en su currículum es su fuerte carácter, que le causó no pocos problemas con jueces de silla y árbitros, de las que nació su famosísima frase 'You cannot be serious...¡it's on the line!'
Ya con 18 años anunció que iba en serio al clasificarse para las semifinales de Wimbledon con un estilo que rompía moldes y una técnica fuera de lo normal. Un año después, en 1978, abandonó la NCAA y se unió a la ATP, donde no tardó ni un año en hacerse con su primer título, en Hartford. Ese mismo año conquistaría otros 4 títulos y llegó a las 'semis' del US Open, perdiendo de nuevo ante el primero de sus 'enemigos mortales', Jimmy Connors. Clasificado para el Masters, al año siguiente ganó su primer torneo de Grand Slam, el US Open, convirtiéndose en el jugador más joven en imponerse en el torneo neoyorquino (luego sería superado por Pete Sampras). Ese año conquistó nada menos que 10 títulos de individuales y 17 de dobles, sumando 27 en total, un récord no superado hasta el día de hoy. El juego de McEnroe combinaba golpes magistrales, aunque no muy potentes, con una volea maestra, considerada una de las mejores de la historia, y un rápido juego de ataque. En 1980 ya era número uno del mundo, manteniéndose durante 4 semanas en él. Ese mismo año disputó el considerado uno de los mejores partidos de la historia de Wimbledon, junto con el Nadal - Federer del pasado año: su final y primera 'batalla' con Borg, en la que fue recibido con pitos por su polémica semifinal, en la que insultó a jueces y público, con Jimmy Connors.Los medios de comunicación lo bautizaron como “El partido del siglo”. El partido comenzó a favor de McEnroe quien se llevó el primer set por 6-1, a lo que Borg respondió llevándose los dos siguientes. El cuarto set fue de alto nivel y se llegó al tie-break final, en lo que podría haber sido la primer final de Wimbledon en definirse en un tie-break.
En una increíble demostración de concentración y mente fría ambos jugadores no lograban sacarse ventaja. Borg hacía gala de sus passing shots y McEnroe demostraba su sutileza en la volea. Después de 5 match points a favor de Borg (uno salvado por McEnroe con ayuda de la red), y otros 7 a favor de “Big Mac” (uno fallado con una volea relativamente fácil) el sueco dejó una volea en la red y se terminó el tie-break, 18-16, a favor del norteamericano tras 20 minutos. A pesar de que muchos suponían en esto una inyección anímica importante en McEnroe y una frustración para Borg que inclinaban el partido hacia el lado del neoyorquino, este no pudo quebrar el saque del sueco en el último set y perdió por 8-6.
Fue sólo la punta del iceberg, ya que durante el primer lustro de los años 80, ambos se volvieron a encontrar una y otra vez en muchísimas finales. En el año 1981, y tras la final del US Open, McEnroe relegó a Borg al número 2 y no soltó el liderato de la ATP en tres años, hasta 1984, un período plagado de éxitos y polémicas. A partir de 1986 cayó en picado, tomándose incluso un año de descanso, tras el cual se volcó en los dobles, donde volvió a triunfar junto a Peter Fleming, siendo número 1 durante 257 semanas consecutivas, un récord aún no superado.
Tras dos años (1987 y 1988) decepcionantes para un jugador de su categoría, en los que jugó muy poco pero igualmente consiguió dos títulos (Detroit y Tokio en 1988), McEnroe recobró algo de su forma para el final de su carrera.
En 1989 arrancó el año alcanzando los cuartos de final en el Abierto de Australia (pierde con Lendl), y ganando sus dos partidos de individuales por la Copa Davis ante Suecia. En Wimbledon derrotó a Wilander en cuartos de final y fue derrotado en semifinales por el también sueco Stefan Edberg. Ganó además tres títulos, incluido el “Masters” del último tour de campeones del WCT (World Championship Tennis) de la historia (en Dallas). Volvió a clasificarse para el torneo Masters, perdiendo en semifinales con Boris Becker.
En 1990 alternó buenas y malas actuaciones. En su partido de octavos de final del Abierto de Australia ante Pernfors, fue descalificado por insultar al umpire, al supervisor y al árbitro. Fue advertido por intimidar a una jueza de línea y se le descontó un punto al romper una raqueta. Aparentemente sin conocer el nuevo Código de Conducta, introducido antes del torneo, que implicaba la inmediata descalificación del jugador ante una tercer advertencia (en vez de la deducción de un juego como era hasta ese entonces), Big Mac dirigió una cadena de insultos al umpire, quien dictaminó su suspensión. La buena actuación del año fue en el US Open, donde alcanzó semifinales y fue derrotado por el entonces novato Pete Sampras quien luego se haría con el torneo. Ese año ganó un título y fue la última vez que ocupó un puesto de top-ten (terminó el año Nº13).
En 1991 logró su último título en Chicago derrotando a su hermano Patrick pero su declive ya era evidente. En Wimbledon alcanzó los octavos de final y terminó el año siendo el Nº28.
1992 fue su último año como profesional y su mayor recuerdo de ese año es haber formado el equipo de Copa Davis ganador junto a Andre Agassi, Pete Sampras y Jim Courier, denominado el “Equipo de los sueños”. McEnroe participó en el dobles junto a Sampras en la final, ante Suiza. Tuvo una buena actuación en el Abierto de Australia, donde derrotó en tres sets al tercer preclasificado, Boris Becker, en tercera ronda, y al 13º, el español Emilio Sánchez, en octavos de final (8-6 en el quinto set), siendo eliminado en cuartos ante el sudafricano Ferreira. Ese último año realizó también un excelente Wimbledon, donde conquistó su quinto título de dobles, esta vez junto a Michael Stich, mientras que en categoría individual alcanzó las semifinales, donde cayó ante Andre Agassi, a la postre vencedor del torneo. Se retiró del tenis en un digno 20º lugar del escalafón.
Entre los méritos del estadounidense también debemos incluir el haber impregnado a los americanos el interés por la Copa Davis. A lo largo de 14 años, fue el eje del equipo 'yanki', llegando a conseguir dos ensaladeras consecutivas en 1978 y 1979, en 1981 y 1982 y fue miembro del 'Dream Team' que se impuso en 1992, formado por el propio McEnroe, Pete Sampras, Jim Courier y André Agassi.
Rompió varios récords en el equipo norteamericano incluyendo años jugados (13), series disputadas (30), victorias en individuales (41) y total de victorias en individuales y dobles (59). Junto a Fleming, ganó 14 de los 15 partidos jugados en dobles. Jugó tanto los individuales como el dobles en 13 series.
Una de sus memorables actuaciones fue la victoria en 6h 32m ante Mats Wilander en la victoria de EE.UU., por 3-2, sobre Suecia, en los cuartos de final de 1982. El resultado fue 9-7 6-2 15-17 3-6 8-6.
Tras retirarse en 1992, entró en el Salón Internacional del Tenis, en 1999 y fue nombrado capitán del equipo estadounidense de Copa Davis. En 2002 publicó su autobiografía You cannot be serious y tuvo cameos en películas como Wimbledon, el amor esta en juego o Mr. Deeds, entre otras. En 2004 dirigió su propio talk -show. Aburrido de su escéntrico retiro, volvió a las canchas avalado por sus buenos resultados en el senior tour, para disputar dos torneos de dobles, junto al especialista sueco Jonas Björkman. En su primera aparición en el profesionalismo desde 1992, McEnroe se llevó el título en el Torneo de San José y se convirtió en el jugador más veterano en la era abierta en ganar un título, con 47 años y 3 días. Esto significó que McEnroe ganó títulos en 4 décadas diferentes y superó a Tom Okker en el segundo puesto de jugadores con más títulos de dobles (70, por detrás de Woodbridge). En su segunda aparición, en Estocolmo perdió en cuartos de final.
Entre sus récords cabe destacar:
- Jugador con más títulos en carpeta (junto a Connors) (43)
- Segundo jugadorcon más titulos en torneos en pista indoor (52)
- Tercer jugagador con más títulos en la historia (77)
- Tercer jugador con más títulos en césped (8)
- Jugador con más cantidad de títulos (individuales y dobles) (156) (77 individuales, 78 dobles, 1 dobles mixto)
- Único jugador en la historia en estar en el número 1 del ranking mundial en individuales y en dobles al mismo tiempo
McEnroe ha recibido fuera del tenis numerosos homenajes, la mayoría debido a sus numeross trifulcas, warnings, disputas y polémicas con todo el mundo: con sus rivales, con los árbitros e incluso con el público. Ir a ver a McEnroe era ir a ver algo más que un partido de tenis. Dicen que Miguel Ángel también tenía un agrio carácter y no permitía que nadie le molestase mientras pintaba la Capilla Sixtina. Dios los cría y ellos se juntan... lo dicho, genio y figura hasta la sepultura.


martes, 27 de octubre de 2009
Guillermo Vilas y 'la Gran Willy'
Ídolo en Argentina, probablemente el mejor jugador sudamericano de la historia, inventor de uno de los golpes má carismáticos del tenis y, lo más seguro, el mejor zurdo del tenis hasta la llegada de Nadal. Entrada dedicada a la vida y milagros del gran Guillermo Vilas.

Guillermo Apolinario Vilas es un ex jugador argentino de tenis de los años 70 y 80. Desde 1975 fue número 2 del mundo, alcanzando el top de la clasificación en 1977, aunque declaró que ese fue el año más desgraciado de su carrera: "Nunca estuve más solo en mi vida que cuando fui el número 1 en 1977. Solo, solo. La gente puede pensar que fue un año espectacular: yo deseaba que terminase rápido". Llegó a ganar 4 Grand Slams (1 Roland Garros, 1 US Open y 2 Australian Open) y fue finalista de otros cuatro, tres de los cuales se los arrebató el gran Bjön Borg.
Sin embargo, lo que, probablemente, más famoso hizo al argentino fueron sus records. Los tiene de todos los colores, a saber:
Jugador con más títulos en una temporada: 16 en 1977.El que más se le acercó fue Roger Federer con 12 titulos en 2006.
Jugador con más victorias en una temporada: 130 en 1977.
Segundo jugador con mas victorias consecutivas sobre canchas de tierra batida: 53. No se superó su récord hasta hace dos años, cuando Rafa Nadal batió su registro dejándolo en la increíble suma de 81.
Jugador con mas victorias consecutivas, sin tener en cuenta la superficie: 46.
Ganador de 62 títulos en su carrera (sexto en la ATP), siendo finalista en 40 oportunidades (dos finales no fueron finalizadas).
Único jugador en ganar torneos en 5 diferentes continentes en el mismo año, 1977.
ugador con más títulos en arcilla, 45 títulos (démosle tiempo a Rafa).
Primer argentino en ganar el Abierto de Australia y primero en ganar ese torneo dos veces consecutivas.
Se retiró en 1992 y desde entonces ha sido una autoridad mundial en el campo del tenis. Ha llevado a cabo numerosos clinics, la mayoría en su país, y sigue estrechamente relacionado con el deporte de la raqueta. Fue declarado el vigésimo cuarto mejor jugador de la Era Open (desde 1968) hace unos años. Hasta aquí, todo normal. Un gran jugador que lleva a cabo una carrera estratosférica y que se retira aprovechando su relación con el deporte para llevar una jubilación saludable y aceptable.
Pero quería referirme a este jugador, además de por sus records, por su carisma y su repercusión posterior en el mundo del tenis. En los países latinoamericanos desató tal fiebre que, por ejemplo, los jugadores Guillermo Coria y Guillermo Cañas se llaman así por él. La gran cantidad de jugadores de élite que han surgido en los últimos años (Coria, Cañas, Nalbadian, Del Potro, Acasuso, Gaudio o Mónaco) comenzaron a jugar bajo la sombra del éxito de Vilas. Por si fuera poco, Vilas nos dejó su firma, presente en cientos de partidos a lo largo de toda la temporada (recuerden el punto de Federer contra Djokovic en las 'semis' del US Open 2009). Muchos aficionados lo tienen por un golpe espectacular y nada más, pero lo cierto es que golpear la pelota de espaldas a la red y por debajo de las piernas es una estrámbotica idea surgida de la cabecita del propio Vilas. De ahí su nombre: la Gran Willy.
Curiosamente, Vilas declaró que, para crear la Gran Willy se inspiró en el destacado polista argentino Juan Carlos Harriott, considerado el mejor jugador de todos los tiempos, que en un aviso publicitario de Whisky Old Smuggler ejecutaba un backhander (golpe de taco hacia atrás), por entre las patas de su caballo.
La primera vez que Vilas golpeó de esta guisa la pelota fue en un partido de exhibición frente al francés Wanaro N'Godrella. En partido oficial, el español Manuel Orantes tuvo el honor de ser el espectador con butaca exclusiva para presenciar por vez primera dicho golpe en 1975.
La Gran Willy es un golpe eminentemente defensivo, normalmente la respuesta a un globo que ha sobrepasado al jugador, y se utiliza como última opción.
El mejor ejemplo de este golpe lo encontramos en un acontecimiento muy reciente, probablemente el mejor golpe de la historia del US Open. Su autor, quién si no, Roger Federer.

Guillermo Apolinario Vilas es un ex jugador argentino de tenis de los años 70 y 80. Desde 1975 fue número 2 del mundo, alcanzando el top de la clasificación en 1977, aunque declaró que ese fue el año más desgraciado de su carrera: "Nunca estuve más solo en mi vida que cuando fui el número 1 en 1977. Solo, solo. La gente puede pensar que fue un año espectacular: yo deseaba que terminase rápido". Llegó a ganar 4 Grand Slams (1 Roland Garros, 1 US Open y 2 Australian Open) y fue finalista de otros cuatro, tres de los cuales se los arrebató el gran Bjön Borg.
Sin embargo, lo que, probablemente, más famoso hizo al argentino fueron sus records. Los tiene de todos los colores, a saber:
Jugador con más títulos en una temporada: 16 en 1977.El que más se le acercó fue Roger Federer con 12 titulos en 2006.
Jugador con más victorias en una temporada: 130 en 1977.
Segundo jugador con mas victorias consecutivas sobre canchas de tierra batida: 53. No se superó su récord hasta hace dos años, cuando Rafa Nadal batió su registro dejándolo en la increíble suma de 81.
Jugador con mas victorias consecutivas, sin tener en cuenta la superficie: 46.
Ganador de 62 títulos en su carrera (sexto en la ATP), siendo finalista en 40 oportunidades (dos finales no fueron finalizadas).
Único jugador en ganar torneos en 5 diferentes continentes en el mismo año, 1977.
ugador con más títulos en arcilla, 45 títulos (démosle tiempo a Rafa).
Primer argentino en ganar el Abierto de Australia y primero en ganar ese torneo dos veces consecutivas.
Se retiró en 1992 y desde entonces ha sido una autoridad mundial en el campo del tenis. Ha llevado a cabo numerosos clinics, la mayoría en su país, y sigue estrechamente relacionado con el deporte de la raqueta. Fue declarado el vigésimo cuarto mejor jugador de la Era Open (desde 1968) hace unos años. Hasta aquí, todo normal. Un gran jugador que lleva a cabo una carrera estratosférica y que se retira aprovechando su relación con el deporte para llevar una jubilación saludable y aceptable.
Pero quería referirme a este jugador, además de por sus records, por su carisma y su repercusión posterior en el mundo del tenis. En los países latinoamericanos desató tal fiebre que, por ejemplo, los jugadores Guillermo Coria y Guillermo Cañas se llaman así por él. La gran cantidad de jugadores de élite que han surgido en los últimos años (Coria, Cañas, Nalbadian, Del Potro, Acasuso, Gaudio o Mónaco) comenzaron a jugar bajo la sombra del éxito de Vilas. Por si fuera poco, Vilas nos dejó su firma, presente en cientos de partidos a lo largo de toda la temporada (recuerden el punto de Federer contra Djokovic en las 'semis' del US Open 2009). Muchos aficionados lo tienen por un golpe espectacular y nada más, pero lo cierto es que golpear la pelota de espaldas a la red y por debajo de las piernas es una estrámbotica idea surgida de la cabecita del propio Vilas. De ahí su nombre: la Gran Willy.
Curiosamente, Vilas declaró que, para crear la Gran Willy se inspiró en el destacado polista argentino Juan Carlos Harriott, considerado el mejor jugador de todos los tiempos, que en un aviso publicitario de Whisky Old Smuggler ejecutaba un backhander (golpe de taco hacia atrás), por entre las patas de su caballo.
La primera vez que Vilas golpeó de esta guisa la pelota fue en un partido de exhibición frente al francés Wanaro N'Godrella. En partido oficial, el español Manuel Orantes tuvo el honor de ser el espectador con butaca exclusiva para presenciar por vez primera dicho golpe en 1975.
La Gran Willy es un golpe eminentemente defensivo, normalmente la respuesta a un globo que ha sobrepasado al jugador, y se utiliza como última opción.
El mejor ejemplo de este golpe lo encontramos en un acontecimiento muy reciente, probablemente el mejor golpe de la historia del US Open. Su autor, quién si no, Roger Federer.
lunes, 19 de octubre de 2009
Las heroínas caídas del tenis.
Las tres llegaron asombrosamente lejos en su deporte, el tenis. Las tres iban, e incluso llegaron a ser, números uno del mundo. Su exquisita clase les catapultó a la fama y la élite del tenis mundial. Pero, por unas causas o por otras, su caída fue igual de espectacular que su ascenso.
Ya sabemos que en la sociedad nos gusta mucho encumbrar a mitos, héros, dioses, extraterrestres, etc. Lo hacemos ahora con Nadal, con Gasol o con Alonso, igual que lo hicimos antes con Jordan, Maradona o McEnroe. Pero si hay algo que de verdad nos gusta más que encumbrar a un héroe es verle caer, abrumado por su propio éxito. Tal vez la idea del héroe caído nos resulte más romántica o atractiva, o tal vez simplemente nos guste comprobar que todos ellos tienen los mismos defectos o vicios que nosotros. El caso es que Gascoigne, Maradona, Tyson, el 'Potro de Vallecas' o Keon Clark son sólo unos pocos entre muchos. Sorprendente es que en el mundo del tenis masculino no haya ningún caso sonado. Pero el tenis femenino ya es otra historia...
Jennifer Marie Capriati es una ex jugadora de tenis de nacionalidad estadounidense que nació el 29 de marzo de 1976 en Long Island, Nueva York.

Fue una jugadora muy precoz, debuto como profesional en el circuito WTA con nada menos que 13 añitos. Pero lo realmente espeluznante es que con 13 años y 11 meses ya había llegado a una final, siendo la mujer más jóven de la historia en conseguir tamaña gesta. Con 14 años y dos meses se convirtió en un mito viviente al alcanzar las semifinales de un Grand Slam, concretamente Roland Garros. Cayó contra la todopoderosa Mónica Seles, pero aún así asombró al mundo entero. Para el Wimbledon de ese año, dos meses después, ya era la cabeza de serie número 12, la más jóven cabeza de serie de un Grand Slam. Con 14 años y 235 días se convierte en la mujer más jóven de la historia en entrar en el Top Ten del tenis femenino. Las grandes temblaban ante la irrupción de este prodicio neoyorquino que tenía pinta de que iba a seguir engullendo récords durante toda su carrera, y, viendo su edad, iba para largo. Durante los dos siguientes años se mantuvo entre las diez primeras en todo momento. Además, obtuvo grandes actuaciones en todos los grandes, destacando especialmente el oro que le ganó a Steffi Graff en Barcelona'92. Cada uno de los críticos del mundo creían que iba a ser la número uno en muy poco tiempo. Todos esperaban su eclosión absoluta en 1993.
Pues bien, no fue así. En 1993 se sucedieron una serie de frustantes derrotas que acabaron por hundirla. Nadie entendía esta bajada de nivel después del oro olímpico. Jennifer no pudo aguantar la presión y buscó el descanso centrándose en sus estudios universitarios y dejando de lado el tenis. O eso nos dijo a todos. Nada más dejar el tenis para 'estudiar' se vio envuelta en una serie de problemas personales y legales. Descubierta por robar en una tienda en diciembre de 1993, Capriati también fue arrestada por posesión de marihuana en mayo de 1994. Retornó a las competiciones de tenis en noviembre de ese año, pero jugó solamente un partido, que perdió para nuevamente dejar de jugar, pero esta vez durante quince meses. Descendió del top 10 en enero de 1994 y no jugó en el WTA tour en 1995. La marihuana y los hurtos acabaron con el sueño de Capriati de ser la mejor jugadora del mundo y con las ilusiones de todos sus fans, decepcionados por la de Long Island. Volvió a jugar, sí, y volvió a ganar, sí. 14 títulos individuales, entre ellos dos Abiertos de Australia y un Roland Garros. Pero de esa chica que se iba a comer el mundo sólo quedó una buena jugadora, que jamás llegó al número 1, aunque consiguiese acabar el año en el top ten 6 vaces.
Mucho más conocido es, no obstante, el caso de la serbia de Mónica Seles. Mónica Seles, que sí llegó a ser número uno.
Para ponernos en contexto: principios de los años 90. Una alemana, una tal Steffi Graff, domina con mano de hierro un circuito WTA que comienza a amenazar con ser aburrido. Surge una jugadora, Mónica Seles, nacida en 1973 en Serbia, que le planta cara. Zurda de nacimiento, golpeaba a la bola a dos manos tanto de drive como de revés, algo que suscitaba la curiosidad de los espectadores. Durante los siguientes años, con alguna tímida irrupción de otras jugadoras, como la anteriormente citada Capriati, protagonizan una rivalidad, deportiva claro, como pocas se recuerdan en el mundo del tenis. Seles ganó 9 Grand Slams y le arrebató a Graff el número uno, que fueron alternándose hasta mediados de 1993, un año marcado a fuego en la memoria de nuestra tenista. En el descanso de un partido en Alemania, con Mónica como número uno del mundo, un espectador desquiciado, de nombre Günter Parche, hundió un cuchillo en la espalda de Seles,justo bajo el omóplato. En un principio se atribuyó la autoría del atentado los conflictos político-étnicos de Yugoslavia, pero el propio Günter Parche se encargó de desmentirlo declarando que era admirador de Steffi Graf. Su ataque se debía a la creencia de que, quitando a Seles del panorama tenístico, Graf volvería a ser la número uno del mundo. El ataque impactó muchísimo en el mundo tenístico, provocando debates y cambiando el curso de la historia del tenis. Después de ese momento, las medidas de seguridad para los jugadores crecieron de forma espectacular. Por supuesto, Graf visitó a Seles en el hospital,pero jamás hizo comentarios acerca de dicho incidente, que mantuvo a Seles retirada de las canchas durante 28 meses. Seles no volvería nunca más a jugar en Alemania. Sus palabras fueron realmente duras: "Lo que parece es que la gente ha olvidado que ese hombre me atacó intencionadamente y que no ha recibido ningún castigo.... No me sentiría segura volviendo. No creo que vuelva".

Demostrando una entereza y una fuerza de voluntad tan fuera de serie como su tenis, Seles descolgó su raqueta y volvió a jugar . Incluso ganó el Open de Australia de 1996, pocos meses después de volver. No pasó mucho tiempo y llegó también a la final de Roland Garros de ese mismo año. No obstante, todos los expertos coinciden en que Seles practicaba un juego que no resultaba ser ni tan sólido ni regular como el de antes de la puñalada. La jugadora luchaba por mantener la forma y recuperar la movilidad perdida, pero no lo conseguía del todo. La tragedia de su padre, al que tuvo que ayudar a luchar contra el cáncer, acabó de frustrar sus intentos por volver. Ganó la Copa Federaciones por dos veces con su nuevo país, los Estados Unidos, y ganó la medalla de bronce en las olimpiadas de Australia. Pero la excelencia de la Mónica Seles de principios de década había desaparecido. En 2003, durante la disputa del Abierto de Australia, Seles sufrió una lesión en un pie que la dejó fuera del circuito. Desde entonces, no volvió a jugar un partido oficial. Otra gran carrera, que podría haber llegado a ser la mejor de la historia, truncada por la pervertida mente de un loco.
Martina Hingisová Molitor, Martina Hingis en el mundo del tenis, es la jugadora que termina este reportaje sobre jugadoras caídos. Martina es una ex jugadora de origen eslovaco, pero nació en Suiza.
Durante su carrera ganó cinco torneos de Grand Slam (tres Abiertos de Australia, un Wimbledon y un US Open) y disputó dos finales de Roland Garros. En dobles ganó nueve títulos Grand Slam y otro en dobles mixto. Se mantuvo en el número uno mundial del ranking mundial de la WTA durante 209 semanas. Era una de las grandes jugadoras de tenis de su momento y podía llegar a ser de las mejores de la historia (si es que, realmente, no lo fue). En un primer momento, la frustraron las lesiones. Se retiró tras varias lesiones graves en los ligamentos de los pies. En octubre de 2002 dejó su trono merced de las belgas Justine Henin y Kim Clijsters, las hermanas Williams y las emergentes figuras rusas, con la impresión palpable entre todos los aficionados de que, si conseguía volver sin lesiones, se las merendaría a todas en un pis pas. Y comenzó a hacerlo, unos años después. Volvió a las pistas del circuito de la WTA en 2006. Logró llegar hasta en Nº 6 del ranking mundial y ganar 3 títulos WTA en individuales. Los aficionados del tenis nos relamíamos los labios al ver que volvía a ponerse a tono, que la dictadora suiza de revés perfecto volvía a las pistas y estaba mejorando partido a partido. Y, entonces, cuando parecía que iba a regresar, dio positivo por cocaína. El 1 de noviembre del año 2007 anunciaba su retirada entre lágrimas. Lágrimas de cocodrilo, pensaron muchos aficionados decepcionados con la actuación de la ex número 1. Otros, simplemente, nos resignamos porque, como en los casos de Capriati y de Seles, sabíamos que nos habíamos perdido a otra gran tenista que podría habernos ofrecido un gran tenis y haber llenado las páginas de los deportes en todos los periódicos. En lugar de eso, llenaron las de sucesos y, lo que es peor, las de la prensa rosa.
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