Mostrando entradas con la etiqueta rafa nadal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rafa nadal. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de abril de 2021

¿Qué pasa con Carlos Alcaraz?

Un nuevo genio atisba su consagración
Carlos Alcaraz. Foto: El País

La vuelta de la pandemia trajo un oasis en el desierto que es hoy en día el tenis español, que vive huérfano de nuevos ídolos y no atisba relevo generacional en el horizonte.

Los Ferrer, Feli, Verdasco y, sobre todo, Nadal, no encontraban una nueva generación que recoja el testigo del brillante pasado del deporte patrio. Además, la pandemia sumó muchos meses sin competición a unos DNI que ya de por sí cargaban con muchos años y temporadas a las espaldas. 

Pasan los torneos, se acercan las retiradas y la NextGen es una pléyade de estrellas rusas, austriacas, alemanas, australianas… pero no españolas. ¿Qué iba a ser del tenis nacional en un futuro?

Por eso la llegada fulgurante de una nueva promesa para el tenis español fue recibida por todos como un espaldarazo para nuestros intereses. Un rutilante Carlos Alcaraz salía con unafuerza inusitada de una pandemia que parecía afectar a todos menos a él.

Un mes antes del confinamiento había dado unas muestras de lo que podía ser con su primera victoria ATP nada más y nada menos que en el 500 de Río de Janeiro ante el entonces 41 del mundo, su compatriota Albert Ramos. Además, en segunda ronda había llevado al límite a otro especialista de la superficie como Federico Coria, entregando la cuchara solo al final y tras ofrecer una brillante imagen.

Los meses de parón pudieron afectar a la mentalidad, al físico o al entrenamiento de muchos, pero parece que no a Carlos, que retomó la actividad más fuerte que nunca y demostrando una madurez y preparación inusitados en su edad.

Muesca tras muesca en su cinturón, encadenó 3 challengers seguidos, con resultados sufridos pero victoriosos, una muy buena imagen y una colección de récords, entre los que destaca el de ser el decimoquinto jugador más joven de la historia en conseguir un título profesional.

Roger Federer y Carlos Alcaraz
Roger Federer y Carlos Alcaraz. Un espejo donde reflejarse. Foto: Punto de Break


Esta catapulta en el ranking ATP – como un meteorito lanzado recorrió los puestos del 490 de inicios de año al 141 a finales del mismo – le nutrió de dos factores fundamentales: una buena posición de partida para tener entrada en torneos de mayor categoría y una notoriedad que le dio también billete de viaje con Wild Card incluida para Acapulco, Miami o Madrid.

El panorama tenístico internacional comenzaba a apuntar en sus libretas un nombre que subraya unas semanas después con su entrada en el cuadro final del Open de Australia. Tras una previa brillante en Qatar llegaba la obligada cuarentena – que a tenor de lo visto unos meses antes, bien podía favorecerle frente a rivales más veteranos – antes de convertirse en el primer jugador masculino nacido en 2003 en clasificarse para el cuadro final de un Grand Slam (el tercer español de la historia más joven en hacerlo tras dos ilustres como Arantxa Sánchez Vicario y Rafael Nadal).

El fulgurante future conseguía a principios de febrero una nueva victoria de prestigio en el 250 Great Ocean Road: caía el número 14 del mundo, el belga David Goffin. La confirmación de que un top 10 en ciernes se estaba curtiendo en las pistas valencianas sacude los cimientos del mundo del tenis con su primera victoria en un Grand Slam, una semana después, en el Open de Australia.

Desde fuera se percibe una cabeza bien amueblada, una preparación física muy cuidada y un talento en ciernes, todo lo cual componen en su conjunto un diamante en bruto aún por pulir. Una tarea encargada a los ‘profes’ de la Academia Equelite de Juan Carlos Ferrero: un campeón silencioso y currante preparado para formar y moldear al joven, mantenerle con los pies en la tierra y recordarle de dónde viene antes de que decida hacia dónde va. Es decir, todos los elementos para contar con una nueva primera espada en el tenis mundial en cuyo casillero del ranking ondee la bandera española.

No obstante, desde esa descollante racha culminada en la segunda ronda del Open de Australia, ha sobrevenido el silencio.  Tras llegar al puesto 127 del ranking, ha descendido 5 posiciones. Una derrota en el ATP 250 de Montepellier en primera ronda, una en el de Gran Canaria en segunda y, aunque mucho más lógica y esperada, otras en el ATP de Acapulco ante todo un Alexander Zverev y otra más dolorosa en el Master 1000 de Miami frente al finés Emil Ruusuvuori han enfriado el entusiasmo.

¿Frenazo? ¿Decepción? ¿O simplemente un paso más en su progresión lenta y necesariamente progresiva en el camino hacia la élite mundial? Lo cierto es que, en España, y especialmente en el deporte, somos amigos de la impaciencia, enemigos del progreso silencioso; aliados únicamente del último triunfo y derrotistas con el más reciente fracaso. N

No me cabe duda de que Carlos, gracias al equipo y entorno que se percibe alrededor, sigue trabajando en Valencia para sacar lustre y brillo a sus posibilidades. Que cada derrota no es sino un aprendizaje y que el progreso es esclavo de un proceso doloroso que implica fallos, trabajo, desilusiones y sacrificios.

Está por ver, aunque creo que se merece el beneficio de una duda que es casi una certeza, si Carlos será otro muñeco roto del tenis o por el contrario una realidad a medio plazo del deporte de la raqueta. Mi opinión es la segunda, pero con paciencia. Su nombre ha llegado a las portadas de los periódicos. Nace la ilusión; queda ahora el duro choque con la realidad de la competencia feroz y bestial que supone el intento de escalada hacia el top 100, los cuadros finales, el caché y los focos. 

Solo nos queda desear que Juanqui y su equipo consigan sacar al tenista que todos adivinamos que Alcaraz lleva dentro. Ya lo dijo Zverev: en 2024 tenemos a un posible TOP 10. Pero los españoles somos lo que somos: se nos va a hacer la espera eterna.  

jueves, 2 de febrero de 2012

España "B", Bendito filial



Esta semana hemos conocido quiénes serán los defensores de la dignidad patria, personificada en una ensaladera, en Oviedo. Sobre los elegidos sobrevolará una imagen tomada hace menos de dos meses en La Cartuja de Sevilla. En esa instantánea aparecen Nadal, Ferrer, Verdasco, Feliciano y Granollers junto a su capitán, Albert Costa, bajo una lluvia de confetis, pletóricos tras transformar a nuestro país en orgulloso pentacampeón de la Davis. En esa fotografía (que todos tenemos en mente) aparece un sonriente Granollers, casi como si hubiera aparecido ahí por casualidad, y también Verdasco, bandera rojigualda cubriendo sus piernas. Rafa mira el trofeo queriendo morderlo y... ah sí, y su Majestad, con llamativas gafas de sol, lo sostiene. 

Lejos aún de los registros de Estados Unidos o de Australia, es indudable que esta Selección ha protagonizado uno de los decenios más brillantes de la historia del tenis (campeones en 2000, 2004, 2008, 2009 y 2011 y finalistas en 2003). A todos se nos ha llenado la boca y se nos han hinchado los ojos con el relato de los triunfos de la Armada. Dicen algunos de la victoria que borra (o al menos difumina) los problemas y tensiones que la competición colectiva  conlleva. Esta vez no ha sido así.

lunes, 30 de enero de 2012

Un paso adelante



Nadal ha adelantado su posición para jugar casi dentro de la
pista. Foto: lainformación.com
No edulcoremos la derrota. No le robemos al deporte su parte más bonita: la competición. La derrota siempre duele, suceda como suceda. La derrota es, siempre, un fracaso. Lo es porque todo enfrentamiento de capacidades tiene como objetivo demostrar que se domina un arte mejor que otro u otros. La razón de ser del deporte es la competitividad, el deseo de superar obstáculos y barreras, se identifiquen estos con adversarios o con nuestros propios límites. Por lo tanto, los únicos deportistas que han triunfado en el Australian Open han sido Novak Djokovic y Victoria Azarenka. 

Sin embargo, toda derrota y toda victoria (de hecho, todo enfrentamiento competitivo) poseen una intrahistoria, un cúmulo de circunstancias que la rodean, le dan sentido y definen su guión. En esta ocasión, es en esa intrahistoria en la que nos basamos todos para acabar dando por bueno un resultado adverso. 

viernes, 27 de enero de 2012

El Cagómetro se dispara


Rafael Nadal jugará el final del Australian Open frente a Novak Djokovic. Bien. Era lo esperado. Si hubiéramos tenido que apostar en una de esas celebérrimas páginas Web, nos lo habríamos jugado todos a esa final. Federer y Murray eran las alternativas, pero con la boca pequeña. Dentro de este Fantastic Four, sólo amenazado de lejos y tenumente, como un susurro, por David Ferrer, existe también una jerarquía. Desde principio del año pasado, el liderazgo de Nole es indiscutible. Rafa Nadal, nuestro héroe de novela de caballerías, es su escudero. Como tal, cuando juega frente a él, en los últimos tiempos, tiende a bajar la cabeza y limitarse a capitular ante un rival superior.

viernes, 17 de junio de 2011

¿Cómo llegan los favoritos a Wimbledon?



Tal vez en otras circunstancias, los jugadores con más probabilidades de ganar dentro de algo más de dos semanas fueran muchos. Podríamos incluir a Roddick, que es un experto en esta superficie. O a Murray, que viene pletórico después de imponerse en Queen's ante su público por segunda vez. Incluso podríamos jugárnosla a una sorpresa como la del año pasado de Berdych. Ahí la lista de candidatos es amplia: Soderling, Del Potro, Ferrer... incluso Mohammed Ali (léase Tsonga), que ha realizado también un buen torneo en Queen's y parece estar en buena forma. Tal vez.

¿Quién ganará la ansiada copa este año? 

jueves, 16 de junio de 2011

Silence please. This is Wimbledon



Llega el torneo más peculiar del año. El de los tenistas vestidos de blanco. El de las fresas con nata. El de los postes de la red marrones y clásicos. El de la hierba. El de la aristocracia británica. Es el torneo que todos quieren ganar, el que respira historia y tradición por los cuatro costados. Es Wimbledon, y aquí se juega tenis de etiqueta.

lunes, 24 de enero de 2011

Los que no fallan



En España tenemos un gran número de buenísimos jugadores de tenis. Sin embargo, sólo hay dos que nunca fallan. Almagro alterna épocas muy agresivas y buenos torneos con eliminaciones muy tempranas. A Verdasco y Feliciano les falta el puntito de carácter, de lucha y coraje que les aúpe a las alturas. Robredo y Ferrero ya son veteranos y García-López será eternamente joven, eternamente promesa.

Pero Nadal y Ferrer son de los que nunca fallan. Siempre están ahí. Siempre peleando, en la brecha, en las últimas rondas. A base de esfuerzo, trabajo y, por supuesto, calidad. En este Australian Open lo están demostrando de nuevo. David Ferrer jugó esta madrugada y se impuso a la revelación del torneo, el joven canadiense Milan Raonic, un cañonero del saque cuyos misiles son muy difíciles de contrarrestar. Los puntos cortos y directos no son del agrado del de Jávea. Pero no se trataba de Mikhail Youznhy ni de Michael Llodrá. Enfrente estaba un español. Después de perder el primer set aun a pesar de jugar bien, Ferrer se ató los machos. Se agarró al fondo de la pista como un clavo ardiendo y corrió a todas las bolas. Raonic no pudo sino seguir arriesgando, seguir machacando. Y eso no es fácil. Ferrer, que está curtido en muchas batallas, lo sabe. No era un partido para ganar, sino un partido que no había que perder. Sin fallos. Y así lo puso en práctica: 68 errores no forzados de Raonic por sólo 10 del español. Espectacular estadística que refleja la realidad del encuentro hoy en día: Ferrer es todo un experto en esto del tenis y a Raonic aún le faltan unos añitos en el circuito. Hay que quitarse el sombrero ante su torneo y su servicio, pero más hay que quitárselo por un 'Gladiator' de las pistas que no se amilana ante nada y sabe sacar la casta en el momento justo.


Y de Nadal, por fin podemos decir que ganó sin sudar demasiado la(s) camiseta(s). Aumentó en tres tallas el modelo específico que Nike le ha preparado y, al menos, se le ciñe menos al cuerpo cuando juega y no parece ir chorreando por doquier. De Marin Cilic (15), el primer cabeza de serie del campeonato con el que se enfrenta Nadal, se esperaba más. Mucho más. Al menos, brega, lucha y un partido competido. A pesar de alargarse hasta las dos horas y media, en todo momento se vio claro que el croata no albergaba esperanzas de victoria, se conformaba simplemente con plantar cara al número uno mundial y con sus octavos de final. Poca captura para un jugador que el año pasado llegó a semifinales. Cilic vendió cara su piel, relativamente. Alargó el partido, ofreció peloteos profundos... pero sólo 9 juegos. Ni un break en contra del de Manacor. Parece que al balcánico no le gusta correr de lado a lado de la pista, y Rafa lo sabe. Parece que tampoco le gustan los cambios de ritmo, y Rafa también lo sabe: ahora top spin, ahora cortadito, ahora pelota muy larga, ahora un poco más corta y blanda... en la variedad está el gusto, debieron de pensar Toni y Rafa. Cilic tenía que ganarse cada punto con un esfuerzo sobrehumano y eso pasa factura. Aunque Rafa no juegue a tope, no se puede negar que, en este punto, tiene muy automatizados los conceptos para imponerse a cualquier rival.


Estoy seguro de que eso es, en parte, el valor diferencial que aportan Ferrer y Nadal: la fe y la casta, pero también el saber estar dentro de una pista de tenis. Se enfrentaban a dos cañoneros a los que han sabido 'secar', La diferencia es que para ello, Ferrer se ha empleado a fondo. Nadal parece no haber llegado ni siquiera a su mejor nivel. Y ya está en cuartos. Ahora se enfrentarán dos españoles por primera vez desde 1997, cuando Moyá derrotó a Mantilla para acabar perdiendo en la final con Pete Sampras. Y Ferrer ya va avisando: "Cuando juego con Nadal no es que no me lo crea. Es que es muy bueno. Si he perdido tantas veces contra él es porque es mejor, porque es el número uno". Y, aún así, nos espera un auténtico partidazo por delante.


Consulta el cuadro del torneo

domingo, 23 de enero de 2011

Se quedan solos




Rafael Nadal y David Ferrer. Un binomio perfecto que conforma la única doble nacionalidad dentro del top-8 (aunque parece que Wawrinka quiere decir algo al respecto). Todos los demás, incluido Verdasco, se han quedado por el camino.

Tommy Robredo no pudo imponerse, como es lógico, a Roger Federer. El número dos del mundo es demasiado número uno para el español. No obstante, su entrega, su lucha y el set que le arrebató al helvético son dignos de mención. Sin embargo, parece el tenis un deporte en metamorfosis hacia un terreno vedado a las sorpresas. Federer lo confirmó. 6-3, 3-6. 6-3 y 6-2, y a cuartos de final. Roger Federer, que ya suma 27 comparecencias en esta ronda en un Grand Slam, ha superado en ese registro al mítico Jimmy Connors.

Por su parte, Almagro, en quien se depositaban muchas esperanzas de sorpresa, no pudo ni siquiera asustar al serbio Novak Djokovic (3). José Perlas, entrenador del de Murcia, aseguró antes del Open de Australia que ahora Almagro estaba recogiendo lo sembrado. Que los automatismos trabajados en su juego comenzaban a dar sus frutos. Es cierto, se le ve más maduro, aunque igual de agresivo sobre la pista. Sin embargo, se echa en falta ese punto de fuerza, de carácter, el valor diferencial que aportan los grandes para poder estar donde están. 

Finalmente, la derrota tal vez más dolorosa es la de Verdasco. Cierto es que tiene menor ránking que Berdych, aunque sea sólo por tres puestos (Berdych es sexto y Verdasco noveno). Lo que de verdad duele es que del número 9 del mundo se espera algo más. No entregar la raqueta tan rápido, no claudicar. Sin embargo, parece que la irregularidad va a ser la máxima rémora de este jugador que, por golpes y físico, debería merendarse a jugadores como Berdych con patatas. Un Berdych que, por cierto, parece triunfar y jugar mejor cuanto más alejado de los focos está. Cuando nada se espera de él, rinde a un nivel espectacular. Cuando nadie cuenta con su candidatura, se rebela y juega un excelso tenis. No obstante, cuando todos los flashes se dirigen hacia él, como en Londres el pasado año, no rinde.


En resumidas cuentas, nos quedamos con los de siempre. Con David Ferrer, cuyo carácter le permite dar un pasito al frente en comparación con Almagro o Verdasco, que se centra mucho más en su objetivo y que está realizando un buen torneo. Ahora le toca la única 'sorpresa' del cuadro, el joven Raonic, un canadiense entrenado por el español Galo Blanco que aspira a dar la campanada. Raonic es el número 152 de la ATP, pero con los puntos conseguidos en Australia va a dar un paso hacia delante muy importante. Y más si consigue consolidar el juego que está mostrando, algo que no es nada fácil.  

Por supuesto Rafa Nadal sigue una ronda más. Podría decirse que en el próximo partido, ante Marin Cilic (15) Rafa comienza el Grand Slam de verdad. El de los buenos. Hasta ahora se ha enfrentado a un jugador que se lesionó, Marcos Daniel, a un dulce Sweeting que se hundió por la presión y Tomic, un jovencito casi imberbe que, a pesar de salirle respondón, se va de Australia con el pequeño honor de haberle hecho cuatro juegos seguidos al número uno del mundo. Y dejando la sensación de que puede ser una revelación dentro de poco tiempo. Pero que, de momento, no. Por otra parte, con Cilic va a ser otra historia. El croata es un cañonero del saque, un cabeza de serie que, además, el año pasado ya llegó a semifinales en este mismo torneo. Veremos si puede plantarle cara a un Nadal que, dicen, aún padece los últimos retazos de la gripe que sufrió en Doha, lo que le hace jugar un tanto mermado. Toca comprobar si es cierto, cosa que daría aún mayor mérito al hecho de que aún no ha perdido ni un set. 

De estas primeras semanas se extraen un hecho objetivo y una conclusión o pregunta. El hecho objetivo es que sólo uno de los top-10 de la ATP se quedó fuera antes de tercera ronda: Mikhail Youzhny, el menos afín a este grupo. Ahora hay dos fuera, pero casi no cuenta porque a Verdasco, número nueve,  le eliminó el número 6, Tomas Berdych. Pocas, muy pocas sorpresas. Podrían considerarse las de Nalbandián, Del Potro y Davydenko, pero comprendiendo que salen de períodos de inactividad y que están en baja forma, no pueden catalogarse realmente como sorpresas. La conclusión o planteamiento es el siguiente: ¿Se está volviendo el tenis demasiado previsible? Parece que las primeras semanas de los GS ya sólo sirven para que los grandes se prueben de cara a rondas finales. No hay una sorpresa, un partido competido, a no ser que sea entre segundas espadas. El único que pudo poner en relativos apuros a un grande fue Gilles Simon. ¿Falta de relevo o excepcional talento de los tenistas? Sólo el tiempo lo demostrará.


Por cierto, el que parece que si que puja fuerte por subir en el ránking es el suizo Stanislas Wawrinka, que ya se ha cargado a Monfils y ahora busca derrotar a Roddick... parece que eso de dejar a la mujer le ha sentado bien...


viernes, 21 de enero de 2011

Que pase el siguiente


Os copio y pego la crónica sobre el partido de segunda de Rafa Nadal, jugado esta semana, que he realizado para el Título de Experto en Periodismo Deportivo:

            En la Rod Laver Arena es hora punta. La pista central del complejo de Melbourne Park aguarda al número uno del mundo. Rafael Nadal salta a la cancha con la mirada fruncida. Tras él, Ryan Sweeting, número 116 del mundo. Todos los flashes van dirigidos al mismo sitio. “Ahí está la bestia”, debe pensar el de las Bahamas. La personalización del triunfo en el tenis, eso en lo que el estadounidense parece acabar de empezar, a pesar de que sólo tiene una año menos que el balear.

Rafa Nadal contra Sweeting

            Es demasiado para él. Nadal comienza, como siempre, enchufado. Busca la línea de fondo para empezar el partido a brincos, como es habitual en él. No es un partido típico. Puede considerarse el primer encuentro para el de Manacor en Australia (lo de Marcos Daniel no cuenta). Sweeting lo sabe y quiere aprovechar la oportunidad. El entusiasmo le dura dos juegos. Dos juegos, lo que Rafa tarda en enseñarle las reglas de ‘su’ juego. El español realiza una competición inteligente. Dejadas para cortar el ritmo, restos de revés cortado cruzado para mantener a su rival en el fondo, derechas paralelas demoledoras, sin duda, su golpe más ofensivo. El topspin que le caracteriza se acentúa buscando cada línea con una intencionalidad inusitada. Rafa Nadal se está probando. Atrae a su rival a la red para después pasarle, abre el ángulo para mover al rival o carga la bola sobre el cuerpo del restador. Está rodándose, mejorando sensaciones sobre el plexicushion de las pistas australianas. Manda un aviso a sus rivales. Les dice: en tercera ronda, sin desgaste alguno, probándome y ganando sobrado.

            Y surte efecto. Sweeting se hunde en la incapacidad que el número uno mundial genera. Las apuestas le dan como favorito absoluto para imponerse en las antípodas. Y él parece, más que nunca, comprometido con aquello de que tiene que ser la luz que dicen que hemos perdido. Cuando le ves parece que aquello de que los triunfos españoles son mentira es una tontería. Porque Nadal inspira mucho más que eso. A él, si le preguntas, te dirá que no se lo parece, claro. Él dirá que sólo juega al tenis. Como los ángeles, me permito añadir. Vence. 6-2, 6-1 y 6-1. Saluda al rival, a los espectadores, agacha la cabeza y se va, con la naturalidad que sólo él es capaz de demostrar. Y nosotros, que lo disfrutamos, decimos: que pase el siguiente.

martes, 18 de enero de 2011

Good Bye, Lapentti



15 años de recorrer las pistas de medio mundo dan para mucho. Para muchísimo. Ese es el tiempo que el ecuatoriano Nicolás Lapentti ha estado jugando al tenis al más alto nivel. Un hecho, cuanto menos, digno de elogio.

Nicolás Lapentti se retira

Nicolás Lapentti es el número 448 del ránking ATP. Es una marca que no da pistas sobre su gran trayectoria como profesional, tanto en individuales como en dobles. Nicolás Lapentti llegó a ser el número 6 del mundo. Además, consiguió que Ecuador estuviera en el Grupo Mundial de la Copa Davis tras conseguir los ascensos en 2000 y 2009. En su haber, cuenta con 5 títulos individuales: Bogotá 2005, Lyon e Indianápolis 1999, Kitzbuhel 2001 y St. Polten 2002. Sin embargo, a este ídolo ecuatoriano le ha engullido, como a tantos otros, el terrible calendario al que se ven sometidos los tenistas para poder mantenerse en la élite. Obligado durante dos años a jugar con dolor en la rodilla izquierda (algo inaguantable para cualquier deportista, más aún para un tenista, cuyos desplazamientos laterales son continuos) ha decidido dejarlo. La decisión duele, dicen que se despidió entre lágrimas en su Guayaquil natal, pero es acertada. El tenis es un deporte precioso, pero exigente. Si pierdes la capacidad de disfrutar en la pista, de pasarlo bien, de jugar y competir, estás perdido. Y como muestra, un botón: Rafa Nadal en 2009. Jugó con dolor en sus rodillas (os dejo un vídeo abajo en el que se aprecia clarísimamente como varía sus apoyos en un partido de RG 2009 contra el mismo rival que tuvo ayer, Marcos Daniel) y se hundió en juego y moral. ¿Por qué? Porque el tenis es un amante caprichoso. O le prestas toda tu atención y tu energía o estás perdido. Saltas a la pista con la impresión de sentirte sólo ante el enemigo. No te puedes escudar (casi nunca) en el árbitro, en los compañeros, no puedes parar al rival con contacto físico... sólo eres tú, y tu raqueta, contra el rival. Le miras a los ojos y sabes que no hay nada más entre ambos que tu talento, tu ambición, tu físico y tu mentalidad. 
Y si todo eso se ve mermado por un lastre como el dolor, que mengua esas cuatro características, tus posibilidades de salir airoso son mínimas.
Por eso, aunque duela, Lapentti ha hecho lo correcto. 15 años en el circuito son muy largos y le ha dado, seguro, tiempo para todo: para reír y para llorar, para ganar y para perder, pero sobre todo para hacer más grande este deporte. Ahora le toca afrontar toda la vida que le queda por delante."A partir de ahora me dedicaré a trabajar en varios proyectos que tienen que ver con el futuro del tenis de mi país". Suerte, Nicolás.






  • Mejor ranking ATP singles: 6  (Abril 17, 2000)
  • Mejor ranking ATP dobles: 32  (Mayo 10, 1999)
  • Títulos singles: 10  (5 ATP, 5 Challengers)
  • Títulos dobles: 6   (3 ATP, 3 Challengers)

Nadal juega con dolor en sus rodillas ante Marcos Daniel. Se puede observar cómo duda a la hora de desplazarse y de apoyar los pies, y eso le hace bajar el rendimiento, algo parecido a lo que le ha sucedido a Lapentti:





Este es uno de los últimos partidos que disputó Lapentti como profesional, a principios del año pasado, frente a Roger Federer en el Sony Ericsson Open de Miami. Federer ganó por 6-3 y 6-3. Lapentti era el número 102 del mundo y ya jugaba con dolor crónico en su rodilla:




Una última curiosidad: el sitio web oficial de Lapentti ha sido suspendido tras su retirada. 


Por cierto, no creáis que hemos dejado de lado el pádel. Mañana está prevista la publicación del calendario oficial del Pádel Pro Tour. Seguiremos este acontecimiento con la máxima atención. ¡Un saludo!

domingo, 16 de enero de 2011

Los históricos del Australian Open

  


Roy Emerson

El Abierto de Australia está a punto de hacerse centenario. Tiene 98 años a sus espaldas. Tantos trofeos están repartidos entre inmensos jugadores, sorpresas increíbles o tremendas rachas. El Open de Australia ha sido menospreciado en algunas épocas de la historia, pero no ha perdido nunca la capacidad de encumbrar jugadores a lo largo de su dilatada leyenda.


Rod Laver

Desde que fuera creado, allá por el año 1905, con el nombre de 'Campeonatos de Australia', muchos grandes jugadores de tenis de la historia se han impuesto en las pistas de Kooyong y Melbourne (en 1988 decidieron modificar el decadente rumbo del torneo modificando la hierba por el cemento y llevándolo al Melbourne Park). No nos extenderemos mucho porque lo que nos ocupa en este post es hablar un poco de los más míticos campeones que han vencido en estas pistas.

Mats WilanderLos primeros años estuvieron marcados por el dominio local de hombres como Anthony Wilding o Rodney Heath, Pat O'Hara Wood o James Woods. A partir de 1927 pasó a de la denominación de 'Campeonato de Australasia' a 'Campeonato de Australia', pero el dominio local siguió siendo igual de fuerte. Los nombres propios de esta época son Jack Crawford, Adrian Quist o Ashley Cooper. Ya en la década de los 60 comenzamos a hablar de dos personajes que marcaron época: Rod Laver, que a la postre ha dado nombre a la pista central del complejo de Melbourne Park, se hizo con dos entorchados. Por su parte, el también australiano Roy Emerson batió todos los récords: 6 trofeos y una final (perdida ante Rod Laver) entre 1961 y 1967, La única presencia española la encontramos en la final de 1968, el último año de la era antigua del tenis, cuando Juan Gisbert, padre, perdió ante el 'aussie' William Bowrey. 


Guillermo Vilas, WillyCon la entrada en vigor de la nueva etapa, la Era Open, se destacan varios factores. Por ejemplo, que Ken Rosewall, que no había ganado desde 1953 y 1955, se alzó con dos triunfos más. También Rod Laver figura entre aquellos que ganaron el torneo en la era Amateur y en la Open (de hecho, en 1969 consiguió el Grand Slam). La nacionalidad del ganador se diversifica: entran en escena distintos jugadores, como los estadounidenses Arthur Ashe (1970) y Jimmy Connors (1974) o el argentino Guillermo Vilas (1978 y 1979), entre otros. Es curioso el dominio en la década de los 80 de los suecos. Indudablemente, hay que hablar en este caso de Mats Wilander, el único jugador que fue capaz de ganar tanto en superficie de cemento como sobre hierba, pero no podemos olvidarnos, por supuesto, de Stefan Edberg. Entre ambos monopolizaron los títulos y se los llevaron hacia los países escandinavos entre 1983 y 1988. Dejando en la cuneta, indistintamente, a Pat Cash, Kevin Curren e Ivan Lendl. 

Andre AgassiPete Sampras
Fue el checo quien pudo tomarse la revancha poco después, ya que en 1989 y 1990 se alzó brilantemente con el título pasando por encima de Miloslav Mečíř y del propio Stefan Edberg. En los 90, el premio se diversifica mucho y varios tenistas se distribuyen los honores: Boris Becker (1991), Jim Courier (1992 y 93), Pete Sampras (1994 y 97), Andre Agassi, quien se quedó a dos del récord de Emerson (1995, 2000, 2001 y 2003), Petr Kodra (1998) y Yevgeny Kafelnikov (1999). Como hemos visto, el principio de la década que finalizó hace sólo unos días tuvo como claro dominador al inconfundible Andre Agassi.  El sueco Thomas Johansson (2002) se coló entre sus títulos, pero no fue hasta 2004 cuando surgió la nueva figura, el otro dominador de la década. El primer suizo que ganaba el torneo: Roger Federer, cómo no. El helvético se ha ganado los máximos aplausos de la Rod Laver Arena hasta en 4 ocasiones: 2004, 2006, 2007 y el pasado año 2010, cuando venció en la final al británico Andy Murray. El único capaz de pararle fue, en un principio, el ruso Marat Safin en 2005. Después, fue Novak Djokovic el que desafió su dominio al vender en la final de 2008 al francés Tsonga. Finalmente, los españoles obtuvimos nuestro premio, y en 2009 el español Rafael Nadal se convirtió en el primer jugador patrio en ganar allí. Lo hizo sobre Roger Federer, en la última de sus legendarias batallas, que acabó, como todos sabemos, con el de Basilea llorando sobre la pista. Sin embargo, el año pasado Roger Federer se alzó sobre todos los demás, cerrando las bocas de aquellos que lo veían apagado y acabado. La técnica del suizo pudo con todo, igualando el registro de hombres como Agassi o Ken Rosewall

Roger Federer

Ahora, Rafa Nadal quiere entrar en el selecto grupo de los que repiten, Los más importantes (tres o más títulos) de entre ellos son grandes jugadores como el propio Federer (4), Agassi (4), Mats Wilander (3), Rod Laver (3), James Anderson (3), Adrian Quist (3), Ken Rosewall (4), Jack Crawford (4) y, por supuesto, Roy Emerson (6). De esta forma, al contar con dos coronas, el balear igualaría a otras leyendas del deporte de la raqueta, como Boris Becker.

Rafael Nadal

Por su lado, Roger Federer busca destacarse en ese grupo de jugadores con 4 títulos y acercarse al título de Roy Emerson, que tiene entre ceja y ceja. 


Rod Laver Arena

Las raquetas están encordadas. Las bolas, a punto para abrirse. La red está tensada y los asientos limpios. Siéntese y disfruten. En Australia se respira calidad, se respira historia y se respira competición. Se respira tenis. Y 128 jugadores quieren entrar en su Historia.

Anthony Tony Wilding


viernes, 14 de enero de 2011

¿Cómo llegan los favoritos a Australia?


Nadal Federer Australia Australian open 2009

Es un decir, porque muchos ya están en Australia, jugando en Sidney o en Auckland, Nueva Zelanda. Pero vamos a plantearnos cómo llegan a las antípodas los jugadores que, a priori, optan a alzarse con el primer Grand Slam de la temporada.

Rafael Nadal australian open australia grand slam


Número 1 del ránking ATP. Con eso debería quedar todo dicho, pero Rafa es tan grande que supera semejante descripción. El de Manacor llega a Australia con la vitola de mejor jugador del mundo, sin la necesidad de alzarse con el título para demostrar nada. 2010 le cogió con la ansiedad de vencer tras 9 meses de sequía y sus caídas en Wimbledon y Roland Garros. En 2011, la historia cambia. Rafa ha entrado en la leyenda tras la mejor temporada de su historia. Ha ganado los 4 grandes y está asentado en la clasificación mundial. Nadie pone en duda su reinado y cada torneo es una oportunidad, no una necesidad. Ahora bien, que Nadal no tenga la necesidad de ganar, no quiere decir que no lo ambicione. Puede ganar los cuatro grandes consecutivamente, aunque no sea en un año natural. Ha bajado un poco el nivel de su servicio, que asombró al mundo en el US Open, en este inicio de temporada. En Doha, no pasó de semifinales. Quiere demostrar que su paréntesis en París-Bércy todavía se nota en sus rodillas. Y sin embargo, para él, en Australia comienza la temporada. El año pasado, triunfó sobre la arcilla francesa, la hierba londinense y el DecoTurf neoyorquino. Ahora quiere, por supuesto, comenzar el año ganando sobre el Plexicushion


roger federer grand slam austrlia australian open

Desde el comienzo de la gira americana, lleva una espectacular marca de 40-4. Aquel Federer dubitativo, cuesta abajo y con un revés vulnerable ha muerto. Paul Annacone ha revivido la bestia, el bicho, que diría Manolo Lama, flamante nuevo locutor de la Cope. Le ha renovado la técnica, el desplazamiento por la pista y, sobre todo, le ha insuflado nuevas ganas de jugar, nuevos motivos por los que esforzarse. Federer es, técnicamente, uno de los mejores jugadores de la historia del tenis. Si tiene la cabeza bien amueblada y las ganas suficientes, es el mayor rival de Nadal para este torneo y para todos. La leyenda de sus enfrentamientos está ávida de una nueva reedición. Lo del Máster sólo fue un aperitivo, porque hace demasiado tiempo (va a hacer dos temporadas) que no vemos una final de Grand Slam entre ambos. Todos tenemos en la retina la final en la que Rafa hizo llorar a Roger. Y queremos más. Ahora, Federer es mucho más agresivo, más directo. Realizó un final de temporada perfecto y ha comenzado igual que terminó: ganando. Roger defiende el título del año pasado, la única final de GS a la que llegó y su único título grande junto al Máster. Y quiere revalidar su corona. 


Novak Djockovic Davis Cup grand slam australia australian open

El serbio protagonizó un gran final de temporada, que no repercutió en el ránking. Fue el gran artífice del triunfo de su país en la Copa Davis, llevando al equipo en volandas hacia su primer entorchado. Es un acicate para Nadal y para todos sobre cemento. Agresivo, rápido, plano, duro... su estilo es perfecto para superficies como la australiana. Hace tiempo que no saborea las mieles del éxito en una competición individual y quiere cambiar ese hecho. Le tiene ganado el head-to-head en cemento a Nadal y, además, llega con confianza tras recibir el apoyo de todo su país en la Copa Davis. 'Nole' siempre es peligroso, pero más cuando los rivales pueden estar fuera de ritmo y sobre una superficie como el cemento. Es el tercer jugador en liza.


Andy Murray grand slam austrlia australian open

74 años. Eso es lo que lleva un británico sin alzar un 'Major'. Nadal y Federer le arrebataron 'sus' trofeos. En las islas están ansiosos por ver a un jugador patrio triunfar tras tantos años. Y han depositado todas sus esperanzas en este escocés, toda una celebridad en Gran Bretaña. Si Nadal es la imagen de la tranquilidad y la ambición, Murray es el de la necesidad, el de la ansiedad. Es el número cuatro o cinco del mundo (actualmente el 5, pero se viene alternando en cortos períodos de tiempo con Soderling), pero carece del gran resultado que provoca que el tenista entre en la historia. Puede que Murray lo que necesite es alejarse de la presión anglosajona, y para eso Australia le viene como anillo al dedo. Acusado de un tenis ultradefensivo, busca reivindicarse y levantar su primer Grand Slam.


Robin Soderling grand slam australia australian open

Flamante (de nuevo) número cuatro del mundo. Reafirmado en su seguridad y su fuerza mental tras sus triunfos en París-Bércy y, hace nada, en Brisbane sobre Roddick. Es el aspirante, el quinto elemento, el jugador que busca internarse definitivamente en la terna de los 'Fantastic Four'. Es la temporada, o ha de serlo, de su consolidación. Y la ha comenzado ganando, lo que da mucha confianza. El sueco tiene una maza por brazo derecho, que machaca a sus rivales, especialmente en una superficie como el cemento. Además, su primer triunfo en este suelo y al aire libre le ha dado confianza. Ha demostrado que en las grandes citas se crece, que los Grand Slams y los Masters son su territorio. Y ahora comienza el primero del año como cuarto favorito...



Mañana, los candidatos a derrocar a estos favoritos.


viernes, 3 de diciembre de 2010

El Retorno del Rey




Perdón por mi acusada ausencia durante estos días. Un proceso febril me ha tenido postergado en la cama y con pocas ganas (osea ninguna) de ponerme a mirar la pantallita de un ordenador. Como ya me encuentro mejor, voy a hacer un análisis de la final de la Copa Masters finalizada el domingo pasado. Puede que sea un poco tarde para ello, pero chico, me he dicho: ¡mejor tarde que nunca!

Creíamos en él porque lleva tantos años ganando que ya se le nombra como favorito por inercia propia. Sin embargo, todos pensábamos que Nadal le tenía tomada la memoria y que estaba en la cuesta abajo.
Su juega era errático. Estaba desmotivado. Su revés ya no era el mismo. Sólo aguantaba dos sets a máximo rendimiento.
El Rey, Perfect Federer, cogió todos esos trabajados argumentos esgrimidos, los arrugó y los lanzó a la papelera con desidia. Con autoridad. Con genialidad.
Annacone ha hecho bien su trabajo. Roger ha vuelto. El gran Roger, ese que se paseaba por las pistas de medio mundo mirando a los demás desde su pedestal de imbatibilidad. Ese es el tenista que todos conocíamos y que, ahora, ha vuelto. Ese jugador que parece que pasa del partido, que no corre casi pero que, cuando le están machacando, suelta un revés a una mano que envía un misil cruzado y acaba con el punto como diciendo 'ya basta, no me apetece correr más'. Es el díscolo. El Zidane del tenis. El talento puro. Y ha vuelto.
Avanzó por sus rondas sin mirar nada más que su propio ombligo. Daba igual quién fuera el oponente porque el resultado era el mismo: una victoria fácil y sin paliativos. Ferrer, Soderling, Murray y Djokovic, jugadores que sólo con nombrarlos asustan. Para Federer, simples parones en su camino hacia la final. En ella, Rafa Nadal. El único jugador que puede hacer que Roger levante la cabeza de su ombligo y mire al rival a la cara. Le trata como igual y no es para menos: consiguió hacerle un set. Parece poco, pero a este Roger hacerle un set es un milagro.




Sin embargo, el suizo no estaba para bromas. Terminó el partido por la vía rápida, agarró su título con avidez y miró a Rafa como diciendo: éste es mío, no me lo vas a quitar. Está harto de que le quiten su aura de leyenda. Sabe que sin el español él, sin esfuerzo apenas, sería una leyenda viva aclamada allá por donde pasase. Y esta era su venganza.
Roger ha vuelto y Nadal no se ha ido. Nos esperan años de gran rivalidad que disfrutar. Eso pensamos todos cuando vimos el vendaval Federer del domingo. El pensó: 'por fin me he quitado este peso de encima'. Pero le cayó otro peso mucho mayor. Uno mucho más pesado. Cuando se adelantó a dar la mano a su derrotado amigo vio el desafío pintado en sus ojos. Desde que aquella maldita bola rozó la línea y Federer alzó los brazos, Nadal ya estaba pensando en una sola cosa: Open de Australia 2011. Esa es la diferencia entre ambos. Nadal no lloraba. Su postura erguida significaba tensión, su ceño fruncido indicaba decisión. Mientras le entregaban los premios al segundo mejor maestro del circuito, un sueño para cualquiera, el movía los pies inquietos. QUería irse a la pista a trabajar sus errores, a subsanarlos y a volver para ganar. Federer tiembla, incluso en la victoria. No va a haber un minuto en el que Rafa no piense en vencerle en el próximo Grand Slam, en arrebatarle su recién recuperado cetro.
Y, allí, de pie en medio del O2 Arena de Londres, yo me fijé en sus ojos. Estaban muy lejos de Londres, en una pista de entrenamiento. Estaban pensando en salir de allí. Estaban pensando en luchar. Sus ojos indicaban horas y horas de deleite para nosotros, los afortunados testigos de la batalla de estos dos seres excepcionales.



martes, 23 de noviembre de 2010

Las claves de la victoria de Nadal



Ayer pudimos ver uno de esos partidos que hacen afición. Nadal está abonado a ellos. Siempre dices 'es imposible que este tío remonte el partio' pero, al final, acaba consiguiéndolo. El partido más largo de lo que va de torneo fue, sin duda alguna, el más bonito.

La pista favorecía los intereses estadounidenses. Pista rápida, dura, cubierta... la bola bota bajo y no le coge a Nadal todo su excepcional efecto liftado... todo en contra para el de Manacor.

Andy Roddick saltó a la pista dispuesto a dar la campanada, a decir que no a venido a Londres de compras. Quiere terminar bien la temporada, abandonar ese octavo puesto que tan poco le gusta y ascender un poquito más. Sabe, porque tiene experiencia de sobra, que contra Nadal hay que ganar rápido y sin dar opciones, porque si no se te come con patatas.

Y a eso salió el de Nebraska. Empezó a soltar el brazo con la primera bola que golpeó y sus saques eran auténticos misiles fuera del alcance de Rafa. El primer set se nos fue en un 'volao', con un Roddick agresivo y, hasta el momento, con apariencia de inabordable.

Nadal, que aunque vista un poco raro (ayer de morado chillón) es un genio del tenis, consiguió romper esa apariencia. El segundo set empezó como el primero, con un Roddick aplastante. Sin embargo, y esta es la primera de las claves: Rafa no se rindió. Así como otros se dejan llevar hasta el final del partido y hacia una irremisible derrota, Nadal no cesa de luchar hasta la última bola. En esto se parece a Ferrer. Se puso en el fondo de la pista y comenzó a intentar desplazar a Roddick de lado a lado, sin dejarle abrir demasiados ángulos, sin dejarle llegar cómodo a la bola para atacar. Al mismo tiempo, multiplicó su ya de por sí formidable desplazamiento con los pies, y comenzó a llegar a todos los ataques de Roddick. A pesar del desgaste físico que supuso eso para el español, tuvo un efecto mucho más determinante para Andy Roddick: cuando estás dentro de una pista de tenis y tu rival está llegando a todo, comienzas a pensar, a dudar. ¿Cómo hago el punto si llega a todo? La respuesta casi siempre, en el calor de un partido, reside en arriesgar más. Tratar de pegarle más fuerte. Tratar de ajustar más a la línea. Y, como consecuencia, se falla más, se gana en inseguridad y se acaba por perder, punto a punto, el partido. Nadal, con su extraordinaria condición física y mental, fue capaz de provocar esta reacción en Andy Roddick. El español se ató los machos, se animó a sí mismo sin cesar con sus ya populares gritos: "¡Vamos!" y se fue a por el partido. Es algo que sabe hacer muy bien, resistir, animarse a sí mismo, evolucionar a lo largo de un encuentro. ofrecer un tenis increíble cuando es necesario (el tie-break que jugó fue impresionante) y convertirse en un frontón cuando la ocasión lo merece (últimos juegos del segundo set).

Poco a poco los puntos se fueron haciendo más largos, los peloteos, más habituales. Nadal, en definitiva, supo llevar el partido a su terreno, al que a él le gusta. Y, a lo largo de los juegos, se fue afianzando en la pista. Del vendaval inicial pasamos a un partido igualado, tenso, en el que cada punto valía un potosí. El escenario en el que Nadal se desenvuelve como pez en el agua. Consiguió llegar al tie-break del segundo. La moneda cayó de cara en el desenlace, aunque también hay que decir que fue así porque Nadal la empujó hacia ese lado. En el tercer set, el partido siguió la misma tónica. Un Rafa cada vez más enchufado comenzó a regalarnos puntos de ensueño. Passings de ciencia ficción. Roddick estaba ya fuera del partido y, aunque vendió cara su piel, acabó sumiso con el saque de Nadal.


Ahora el número uno del mundo, que ayer reafirmó su posición (no por puntos, sino por autoridad), ha dado un golpe sobre la mesa. No es su superficie. Acumula más partidos que nadie. No necesita los puntos. Ayer Nadal, al acabar el partido, parecía responder a estas preguntas y a muchas otras con sus ansías de ganar y su ambición. Parecía responder: "Sí, ¿y qué?".